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Eduardo Sacheri, escritor argentino

ENTREVISTA

Eduardo Sacheri: el portero de la narrativa

Charla con el escritor argentino ganador del Premio Alfaguara de Novela 2016

Camila Builes / William Martínez

@CamilaLaBuiles / @MartinezWill77 / @elmagazin / @elespectador

¿Por qué a los argentinos les gusta tanto el fútbol? ¿Por qué el verbo “gustar” resulta corto para hablar de la pelota? Tal vez porque sus delirios de grandeza se torcieron en otros campos. En el 30, cuando Argentina vivía en prosperidad, la crisis sacudió al país.

 

Wall Street y la crisis europea cortaron la compra de trigo y carne. “Lo cierto es que quedamos con el culo apuntando al norte y el futuro devastado”, apunta Eduardo Sacheri, quien acaba de ganar el Premio Alfaguara de Novela 2016 por La noche de la usina. 

 

Mientras la historia los olvidaba y llegaban nuevos descalabros como la crisis económica de 2001, siguieron jugando. Correr tras la pelota se convirtió en la infancia digna de cualquier hombre. Los jugadores de barrio se multiplicaron tanto como los clubes y las ligas. Después, Independiente de Avellaneda, el equipo de Sacheri, alzó 18 títulos internacionales y se consolidó la leyenda: desde hace 42 años es el club más ganador de América. Luego aparecieron el River Plate y el Boca Juniors con sus Copas Libertadores y llegó la Pulga, que apagó los micrófonos que repetían “Maradona, Maradona, Maradona”.

 

Sobre esos giros de la historia escribe Eduardo Sacheri, quien de pequeño defendía el arco de su barrio Castelar Sur y jugaba en la calle Guido y Spano porque no había potrero. Eran intrusos que bautizaron su cancha entre Máximo Paz y Bahía Blanca.

 

“Mi infancia está ligada a una infancia más de pueblo que de ciudad”. La ingratitud que se le otorga al último hombre de la cancha, el jugador que eclipsa 90 minutos de buenas atajadas por un error al 92, lo alejó de la portería. Un tipo que piensa el fútbol no se alimenta de victorias sino de pertenencia: del grupo de barriada, de las casas con nombre y apellido que eran golpeadas por el balón. “El fútbol me parece un gesto gratuito en una época en la que casi todo tiene un precio. Es una especie de mueca carnavalesca que se burla del espíritu práctico y de las buenas costumbres de la civilización burguesa”, escribió en el relato No sé, señora, publicado por la revista El Gráfico en octubre de 2014.

 

Su reconocimiento, sin embargo, se dio cuando Juan José Campanella llevó al cine su libro La pregunta de sus ojos (2005). La cinta ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera con el nombre El secreto de sus ojos. El estruendo de la novela y de la cinta lo empujaron a los arrabales que mejor conoce: las historias pequeñas, domésticas. Los protagonistas volvieron a ser personas de Castelar: “uno tiene un lavadero de autos en la calle Mitre, otro es profesor de lengua y pongamos que da clases en Pontevedra”. Aunque su vida cada vez se parezca más a otra cosa —los viajes, las presentaciones de libros, las entrevistas—, sobrevive en él el muchacho de barrio.

 

¿Por qué le interesa sublevar lo común y destaca a los “perdedores heroicos”?

 

Creo que nace del interés que me genera la gente. Eso se traslada a lo que escribo. Me gusta mirar a mi alrededor y notar que la mayoría somos gente común y no tenemos vidas demasiado célebres. Y, sin embargo, son valiosas. Esa consideración es la que me lleva a ver mis personajes como los veo, a plantearme las historias como me las planteo.

 

Eduardo Sacheri se ratifica en contar historias comunes, pero que son, a la vez, universales…

 

Eso intento. Lo único que nos queda por hacer cuando escribimos es contar ese mínimo mundo que conocemos. Me parece que cuando uno aspira a contar universales casi que se asegura un pecado de soberbia y un fracaso seguro. Me parece que si, en cambio, uno se propone contar lo que conoce, tiene la posibilidad de que ese pequeño mundito se parezca al pequeño mundito de sus lectores en otras partes del planeta.

 

¿Cómo encaró escribir el relato de la crisis económica que vivió Argentina en 2001 en La noche de la usina?

 

A mí me gustó salir de la alta política y de todas estas cuestiones que están casi por fuera de nuestras vidas y quedarme con las peripecias de un puñado de argentinos que viven en un pueblo de la provincia de Buenos Aires y que sienten que la vida les ha quitado el piso debajo de los pies. Me gustó, sobre todo, que se quedaran en la cosa de la queja, el dolor y la melancolía, en vez de armar algo para salir de ahí. De lo que trata la novela es cómo resistir un golpe terrible a tu cotidianidad, a tu idea de futuro, y cómo te juntás con algunos otros para tratar de enfrentar eso.

 

¿Cómo logró que un tema tan argentino se volviera universal?

 

No creo que las crisis nacionales sean distintas a las crisis personales. Lo que tienen en común es que ambas nos dejan sin protección. Dejarnos en soledad. Creo que la experiencia más profunda de estar en crisis es sentirse solo. A lo mejor en la Argentina tuvo esta particularidad de dejarnos solos frente a un descalabro económico; probablemente en algún momento muchos colombianos se han sentido solos ante una crisis política o bélica, o los uruguayos solos frente al rebote de esa crisis que llegaba de Argentina. No quiero ser enumerativo. Me parece que esa sensación de “¿qué hago con este mundo que no entiendo?” se resuelve compartiendo.

 

En La noche de la usina y en La pregunta de sus ojos hay un mismo concepto: la venganza. ¿Por qué le interesa tanto abordarla?

 

Yo te cuento cómo lo vivo yo. En La noche de la usina creo que hay más una idea de revancha, pero ¿por qué hago la diferencia? El objetivo de la venganza es que recaiga un mal sobre tu enemigo, mientras que en la revancha hay una idea de que caiga un bien sobre vos mismo. Creo que es más positiva la noción de la revancha que la noción de venganza. No sólo en el libro sino en la vida. Me parece que está bueno que la vida nos dé una revancha y nos haga más felices o más enteros. La idea de venganza me parece que sólo tiene que ver con provocarle dolor al que te lo provocó primero y, en el fondo, te termina empobreciendo.

"Creo que la experiencia más profunda de estar en crisis es sentirse solo. A lo mejor en la Argentina tuvo esta particularidad de dejarnos solos frente a un descalabro económico"

¿Cuál es la referencia al fútbol en este libro?

 

En esta novela no hay mucho fútbol. Uno de los personajes fue en su juventud un jugador de fútbol profesional, pero el rol que le toca en la novela es comandar a este grupo de desprovinzados que tienen un “gran plan” para solucionar sus dolores económicos. De libro en libro, trato de plantearme desafíos y, sobre todo, desconfiar de alguna fórmula que ya me haya dado resultado. Alejarme del fútbol es también decirles a mis lectores: “Bueno, pasamos por aquel lado, ahora vamos para otro distinto. Ojalá me acompañen”.

 

¿El fútbol sigue siendo el marco filosófico de sus historias? ¿Cómo articula ese deporte en sus visiones del mundo?

 

Por fuera de mi trabajo como escritor, el fútbol es la experiencia de vida, por eso sigue colándose en lo que escribo. Es mi juego preferido y para eso sirven los juegos: para poder, en un mundo pequeño y a escala manejable, gozar de cosas muchas más misteriosas y generales de la vida, todo al mismo tiempo. Tal vez otras personas tengan otros juegos, pero yo, criado en el gran Buenos Aires de la Argentina, el juego que tengo y que me enseñó a compartir, a perder, a ganar, a tolerar y a frustrarme es el fútbol. El fútbol ha sido mi escuela de juego y mi escuela de vida.

 

¿Cómo se enteró de que había ganado el premio?

 

Me enteré a las 6:30 a.m.: sonó el teléfono en mi casa y era la presidenta del jurado, Carmen Riera, y me dijo que habían acabado la conversación y que habían decidido premiar La noche de la usina. Atendió el teléfono mi mujer, que no estaba al tanto de que era hoy la decisión porque no quería que estuviera ansiosa, así que le resultó muy extraño recibir una llamada de España a esa hora. Han pasado varias horas desde entonces y todavía no me hago cargo de lo fuerte que es. Estoy muy feliz, con una dosis de asombro recorriéndome todo el cuerpo.

 

¿Por qué participó en este concurso?


No es mi primera participación, es mi tercera. Las otras dos fueron selladas con el destino lógico, que es que no gané. A muchos de los autores que han ganado este premio yo los he leído y los he disfrutado, los respeto y los admiro. Presentarme fue probablemente un acto de soberbia por pretender, por intentar, subirme de escalón, y también un acto de esperanza, de decir: bueno, en una de esas me permiten también colocar un libro en este peldaño. La verdad es que en la Argentina mis libros son bastante conocidos y yo se lo agradezco a Dios. También lo son en Uruguay, también lo son en Chile, también lo son en México, y creo que esta es una gran oportunidad para que, por ejemplo, en Colombia o en España sea más conocida mi obra y, al mismo tiempo, reforzarme en el resto de América Latina. A mí me conmueve que haya gente a la que le guste leer lo que escribo, y cuando es fuera de mi país creo que me conmueve el doble porque siento que han tenido que cruzar más puentes y caminar más caminos para encontrarse con lo que yo hago, y eso es algo que agradezco.

 

*Esta entrevista ha sido compartida con El PortalVoz por parte de la redacción de Cultura del diario El Espectador. Fuente: www.elespectador.com


Foto: Eduardo Sacheri / Wikipedia.

 

 

7 de abril de 2016

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