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Elisa Pérez Vera

DINERO Y PREJUICIO

"Las mujeres somos menos corruptas porque nos han apartado del poder"

Entrevista a Elisa Pérez Vera, la primera mujer rectora de una universidad española, la UNED

Vivian Murcia G.

@vivimur83

Una filtración calificada por los periodistas como "histórica" ha dejado en evidencia que la ética (una moral de mínimos para vivir en sociedad) no es una prioridad para los políticos. Los denominados Papeles de Panamá han desvelado los nombres de personajes públicos (algunos dirigentes de Estados) evasores de impuestos. Nada nuevo. Que Panamá es un "paraíso" fiscal se sabía, lo que llama la atención es que, aún estando en la mira pública, estos personajes implicados no dimiten, no piden disculpas y, lo que es peor, no reconocen el fraude.

 

A propósito de este tema entrevisto a Elisa Pérez Vera (Granada, 1940) quien, además, de haber sido la primera mujer rectora de una universidad española, fue magistrada del Tribunal Constitucional. Decido que sea la persona quien responda algunas preguntas porque ella ha trabajado en la creación de instrumentos legales de lucha contra la corrupción en España, además, es catedrática de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), doctora honoris causa por la Universidad de Alcalá de Henares y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada.

 

Hablar de ética y corrupción puede llevarnos a un callejón sin salida porque no hay respuestas absolutas al por qué las sociedades se están haciendo cada vez más benevolentes con quienes, abusando de su poder, les roban. Esta charla es, por tanto, sólo una aproximación a un tema que puede llevarnos toda la vida debatir. Lo que sí podemos tener claro es que tras la "histórica" filtración de evasores fiscales está el hartazgo de personas de a pie para quienes los millones no declarados implican vivir condenados a la pobreza.

 

¿Podemos considerar a la ética pública como una moral de mínimos que comparte el conjunto de la sociedad española? ¿Para identificar sus contenidos es suficiente remitirnos a los elementos fundamentales de la Constitución de 1978?


La definición de ética como una moral de mínimos me parece acertada lo que ocurre es que, desgraciadamente, estos mínimos no se respetan por toda la sociedad y es ahí en donde tiene cabida la corrupción.

 

Sobre la actual Constitución yo diría que, con independencia de que los mecanismos para su reforma sean más o menos rígidos, ésta tiene que ser un instrumento vivo, no puede quedarse anclada en un momento histórico determinado. Cualquier interpretación de la Constitución tiene que tener en cuenta las circunstancias del momento en que esa interpretación se realiza.

 

Si detrás de su pregunta está la idea de si sería necesario o conveniente una reforma de la Constitución, mi opinión personal es que sí y, además, creo que la mayoría de la ciudadanía española la comparte. Aunque no estemos completamente de acuerdo en qué habría que cambiar de la Constitución, todos sabemos que hay principios rectores, en los que se plasman los derechos fundamentales, que deberían tener una mayor garantía constitucional.

 

¿Qué derechos deberían tener una mayor garantía?


En este punto por el que pasa España pienso que hay dos derechos que son realmente importantes: la sanidad y el relacionado con el reforzamiento de las políticas que se refieren a la vivienda en general, no el derecho a tener una vivienda, pero sí a tener una solución habitacional del tipo que sea.

 

En el ámbito de la Ciencia Política se han llevado a cabo estudios para intentar explicar por qué la corrupción no es sancionada de forma categórica en los procesos electorales, algunos apuntan explicaciones basadas en que se trata de un elemento inherente al ejercicio político. ¿Está de acuerdo con el diagnóstico de que la corrupción no recibe una sanción proporcionada en el apoyo a los partidos políticos en las urnas? ¿Qué motivos identifica para que dicha sanción no sea tan categórica como cabría esperar?


Realmente es muy difícil encontrar una explicación, los trabajos de varios profesores lo demuestran. Lo que sí es evidente es que en toda organización política existe el riesgo de que haya corruptos. El problema de la corrupción es que se convierte en una auténtica rémora democrática y social cuando alcanza determinadas magnitudes, es decir, el problema no es que haya una mínima corrupción, llamémosla 'blanda', que es, por ejemplo, la corrupción del ciudadano que no paga el IVA, sino la generalización de la corrupción como instrumento político del poder. Esa corrupción es la que realmente atenta contra la democracia porque hace que la desconfianza de los ciudadanos aumente con respecto a su clase política.

 

Para luchar contra la corrupción, lo primero que se debe hacer es conseguir que no sea rentable en ningún sentido. Es decir, que no sea rentable ni políticamente, esto es que sea sancionada en las urnas, y que tampoco sea rentable desde el punto de vista económico, esto es que nadie pueda caer en el cálculo de 'me paso 15 años en la cárcel pero después salgo y tengo unos recursos económicos de los que no habría podido disponer nunca si hubiera actuado honradamente'.

"Puede que en el fondo haya una cierta 'comprensión' del ciudadano con el corrupto" 

¿Qué motivos puede haber detrás de una sociedad que no sanciona categóricamente en las urnas a su clase política?


Eso me lo pregunto todos los días como ciudadana y no encuentro más respuestas que las que me hubieran podido proporcionar mis abuelos. Tal vez la única explicación viable sea que, a pesar de que la ética es el mínimo modal aceptado socialmente, muchos de nuestros conciudadanos estarían dispuestos a saltarse esa ética si tuvieran ocasión de hacerlo. Por eso, el problema es que la aceptación de mínimos morales, tal vez, no sea tan sincera como querríamos.

 

Puede que en el fondo haya una cierta 'comprensión' del ciudadano con el corrupto porque, puede que en su interior piense 'yo no sé qué haría si estuviera en el lugar de ese corrupto'. La verdad es así de dura, me resulta difícil hasta verbalizarlo porque, personalmente, me duele demasiado.

 

En su periodo como magistrada del Tribunal Constitucional (2001-2012), usted tuvo que decidir acerca de la constitucionalidad del Estatuto de Cataluña. ¿Estaría de acuerdo con aquellos que estiman que el proceso de ruptura con España también está influido por el interés de un sector de la política catalana en desviar la atención sobre los casos de corrupción que directamente les afecta?


Me pone usted en un aprieto. Caería en la tentación de responder afirmativamente. Le puedo decir que, en este momento, no puedo entrar en un proceso de intenciones.

 

¿Cómo debería enfrentar el nuevo gobierno el desafío catalán?


La verdad es que yo sufrí muy intensamente ese desafío desde el Tribunal Constitucional. Fue un periodo muy tenso y complicado en el que el Tribunal perdió muchísimo; entre otras cosas, perdió credibilidad entre los españoles. Sin embargo, debo decirle que el Tribunal, aunque muy dividido, trabajó seriamente, con independencia de que acertara o no. Yo estoy confundida con respecto a que uno de los aspectos que haya que retocar de la Constitución sea el título VIII que se refiere a la configuración de la estructura territorial del Estado. Creo que hay una propuesta federal, como la que propone el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que, con independencia de que haya que hacer toda clase de reflexiones y de precisiones sobre exactamente qué es lo que se quiere y cómo se quiere, debería ser suficiente para satisfacer la exigencia de la sociedad catalana.

¿Somos menos corruptas por nuestra naturaleza femenina o porque la historia nos ha apartado de los centros económicos del poder? 

Para finalizar, usted fue la ponente de la sentencia que establece la representación equitativa entre hombres y mujeres en las listas electorales (correspondiente a un 40% y 60% indistintamente). Algún sector de la Teoría de género sostiene que las mujeres son más proclives al respeto de los compromisos éticos por el hecho de ser madres y dedicarse a las labores más sensibles. ¿Comparte esta opinión del feminismo de la diferencia? 


Me pone realmente en un apuro porque ¿podríamos decir que la mujer es más sensible? Yo creo más en los individuos que en el sexo. Todas las estrategias y políticas que tienden a mejorar la situación de nuestro género me parecen absolutamente justificadas, pero no termino de ver cómo podemos apropiarnos de una validez ética y moral, por encima del otro sexo. Creo que hay mujeres que son respetuosas de los compromisos éticos, pero también hay muchísimos hombres respetuosos de los mismos, así como hay vulneradores en uno y otro lado.

 

Yo le contrapregunto: ¿somos menos corruptas por nuestra naturaleza femenina o porque la historia nos ha apartado de los centros económicos del poder? Es difícil ser corrupto cuando alguien (una mujer) se dedica a algo tan esencial en la organización social como el cuidado de la familia y el hogar, pero cuando se está en centros de poder económico -y para constatarlo basta ver la hemeroteca- queda demostrado que las mujeres que han llegado al poder tienen tantas tentaciones de caer en fenómenos de corrupción como los hombres. Es la historia la que ha situado a las mujeres en un papel tradicional. En ese sentido, le diría que efectivamente la mujer ha tenido menos posibilidades de ser corrupta, pero eso no es precisamente una virtud.

 

 

5 de abril de 2016


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