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Cervantes en las Indias

LETRAS

El Quijote en un lugar de las Indias

Gómez Valderrama, discípulo de Borges, creó un cuento en el que Cervantes es protagonista y no autor

Alonso Aristizábal

@cvc_cervantes

Uno de los cuentos más hermosos de la literatura latinoamericana es En un lugar de las Indias del escritor colombiano Pedro Gómez Valderrama (1923-1992), publicado inicialmente en un libro titulado La procesión de los ardientes (1973), y que hoy puede leerse en la obra Cuentos completos  (Alfaguara, 1996).

 

Con relatos como este, Gómez Valderrama se consagró como el primer discípulo de Borges. Incluso otro de sus más importantes libros, Retablo de maese Pedro (1967), y que también se publica en el libro antes mencionado, es uno de los más importantes homenajes a este personaje, otro de los grandes trashumantes del Quijote. Lo curioso del relato es cómo, en un audaz juego, se cuenta la historia al revés porque el escritor es Alonso Quijano y el personaje del cuento es Cervantes. Para el caso, el uno es alter ego del otro, una forma de interpretación del texto. Con elementos como este, el autor resalta el espíritu aventurero de Cervantes, que es la base de su gigantesca obra. Se trata de un elemento con el cual se enriquece la mirada del texto que habla sobre la realidad y el mundo de la cultura al cual se refiere. Allí se muestra al gran conocedor de la obra de Cervantes, al que también considera el padre del español. Además, muestra cómo el trópico es vida y exaltación que está por encima de cualquier proyecto o iniciativa.

 

Por lo mismo, se trata de una realidad para ser vivida y que no permite el trabajo riguroso y persistente. Es una visión del universo de entonces, dividido entre viejo y nuevo mundo, y que este hace parte de otra realidad por descubrir.

 

Cuenta la historia de un Cervantes en 1590, sentado al atardecer de la Mancha soñando con imaginar el Nuevo Mundo, ante la imposibilidad de ir allá a escribir su obra maestra. Había escrito a su majestad el rey diciéndole que le había servido en jornadas de mar y tierra durante veintidós años, particularmente en la batalla naval donde recibió muchas heridas y perdió una mano. Cuenta que incluso había gastado todo su patrimonio en un rescate porque había caído prisionero. Y ahí no para la relación de servicios del personaje a su majestad. Ante esta carta, el relator del Consejo escribe una nota que dice: "Vaya el peticionario de contador de las galeras de Cartagena de Indias".

 

El mismo día envió otra nota a un tal Alonso Quijano negándole similar solicitud, y que es el que se queda en España escribiendo los pormenores de esta historia. Después de hacer el recorrido de Colón, Cervantes llega al puerto caribe de Cartagena de Indias. Incluso, a modo de encuentro con su gran imaginación en el trópico, siente el olor a chamusquina de la famosa cueva de Montesinos, donde había principalmente magia.

 

Luego el personaje comienza a transformarse en indiano y vive solo en una casa con una criada que le sirve y en cuyos amores también se refugia. Los chismes de esta relación llegan a Sevilla. Además, que los borradores de su gran obra han sido usados por la criada para encender el fuego. Al cabo del tiempo don Alonso Quijano y Miguel de Cervantes se encuentran en la Mancha. El primero le lee a este la narración de la aventura en ultramar: "Don Miguel de Cervantes se queda en silencio mirando por la ventana hacia la tierra parda de la Mancha, meditando largamente en todo lo que le habría ocurrido si se hubiese ido a Cartagena de Indias, en el Nuevo Reino de Granada".

 

* Foto: Cartagena de Indias (Colombia). Pixabay. Licencia Creative Commons. 

 

 

17 de marzo de 2016


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