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CONVERSACIONES IBEROAMERICANAS

Liana Bravo: «Cuba me espera y yo espero a Cuba, es el motor de mi poesía»

La periodista publica su primer libro 'Poemas perdidos', un poemario que empezó cuando sólo tenía nueve años

Vivian Murcia G.

@vivimur83 / @elportalvoz

Habla rápido y, de manera inconsciente, el pretérito se le mezcla con el presente. Es lógico que esto le pase, ella ha vivido dos vidas: una en Cuba, en La Habana, con el sol, la luz y la brisa que entraban por los ventanales de la casa de sus abuelos donde se crió y, otra, en España, en Madrid, en su departamento chico, compartido, en el que se encierra a leer y a escribir.

 

A ella le gustan las dos vidas que ha tenido, al final, «me han formado como persona». En La Habana fue la niña que aprendió a leer a los cinco años y en Madrid la graduada en periodismo, la reportera de La Sexta y, ahora, estudiante de Filología hispánica. Ambos lugares se han conjugado en su primer poemario titulado Poemas perdidos (Torremozas), en el que recoge los escritos que empezó en su adolescencia más los que ha hecho en su precoz adultez.

 

Liana Bravo (La Habana, 1992) es un descubrimiento literario de la que esperamos recoger muchos más títulos y hacer muchas más entrevistas. Que éste sea el primer paso en una larga carrera.   

 

¿Cómo fue eso de empezar a escribir poesía a los nueve años?

Aprendí a leer muy temprano, a los cinco años. Tenía loca a mi madre preguntándole como sonaba la B con la A. Mientras mi primos veían la tele yo me iba a la pequeña biblioteca que tenían mis abuelos y cogía libros. Por fortuna, tenían las obras completas de José Martí, quien además de periodista fue poeta, y una referencia imprescindible para mí. Así empecé, sin saberlo, a leer versos.

 

Luego surgió el primer amor, el flechazo. Cuando tenía nueve años me obsesioné con Erick, un amigo de mi hermano. Tenía cinco años más que yo y, como era más grande, yo le escribía secretamente poemas.

 

Pero el punto definitivo fue cuando mi abuelo me empezó a llevar a concursos de poesía. Empecé a ganarlos y mi motivación se acentuó.

 

El libro está dedicado a los abuelos. Uno que no sabía leer y otro, el que menciona, que le llevaba a concursos de literatura. ¿Cómo eran esos abuelos?

Mis abuelos fueron y son mi motivación. Uno no sabía leer, era un hombre de campo al que le costó mucho avanzar en la vida. Él tenía esa obsesión de que sus hijos y sus nietos mejoraran en la vida, estudiaran, prosperaran. Ese abuelo tenía su esperanza puesta en mí.

 

Mi otro abuelo, Enrique Bravo, era un hombre muy alegre pero con mal carácter cuando correspondía. Me encantaba sacarle una sonrisa y era feliz cuando me llevaba a los concursos de poesía, me gustaba verlo contento.

 

Los dos alimentaron mi imaginación y las ganas de superarme.

 


¿Los padres también son referentes?

Mis padres son matemáticos, no estudiaron nada relacionado con las letras, pero, con el tiempo, he descubierto que mi padre escribe canciones y las toca con su guitarra, así que puede que eso lo haya heredado yo. Viví con mis padres hasta los cinco años y, por cuestiones económicas y demás, después me crié con mis abuelos, pero, claro, mis padres siguen siendo una fuerza vital, más cuando mis abuelos ya están muertos.

 

Cuba está muy presente en el libro, pero también hay una revelación de sentimientos muy internos. ¿Es porque Cuba es un sentimiento?

La idea de publicar mi poesía me aterra porque me da miedo que algo que es tan personal sea leído por otros. La poesía siempre ha ejercido en mí una catarsis, siempre están presentes los temas de la muerte, la soledad, el abandono, y, claro, Cuba, sobre todo, en el poema La Habana. Yo nunca he visto a Cuba desde un punto de vista político ni económico sino como ese lugar en el que encontré la inspiración.

 

¿Duele Cuba?

Sí, también me duele. Hay un verso que dice «en pieles multicolores de personas iguales» que hace referencia a que Cuba, en mi niñez, era un lugar donde había mucha más igualdad de la que hay ahora, eso duele.

 

¿Se hizo más crítica con Cuba desde que llegó a España?

El hecho de haber crecido en un sistema distinto, en el que nos repetían y nos enseñaban que todos somos iguales, hizo que tuviera un enorme choque con lo que encontré en España. Ver que el mundo es desigual me hizo rebelarme. Y, claro, al volver a Cuba y ver que esa igualdad y esos valores cívicos ya no lo son tanto me ha hecho más crítica.

 

Aún así, con todo sus defectos, en Cuba yo nunca vi un niño en la calle, todos teníamos escuela, médico, comida, techo, cuando salí de mi país y vi otros lugares y unas realidades más dolorosas me hizo repensar muchas cosas.

 

¿Quién es Fidel para usted?

Cuando éramos niños nos criaron con esa figura de Fidel como un padre presente y ausente. Era una persona perfecta. Pero, al crecer, te empiezas a dar cuenta de quién es. Para mí siempre será un estratega político brillante, pero también fue déspota. Manejó al país como un rey y no como un presidente. Creo que se rodeó de gente mediocre y eso llevó al país a una deriva de fracaso económico.

«Yo nunca he visto a Cuba desde un punto de vista político ni económico sino como ese lugar en el que encontré la inspiración» 

«Los hombres a los que más quise nunca me regalaron flores: arrasaron el jardín con la tormenta», el amor es el eterno tema de la poesía. ¿Por qué en su caso si es tan joven?

Me refiero a esas pasiones efímeras que se viven con una intensidad que, a lo mejor, otros amores más tranquilos no brindan. Es un poco ese punto de tragedia que todos los que vivimos por las nubes necesitamos.

 

¿Necesita un punto de dolor para hacer poesía?

Sí. Yo sé que hay poetas y escritores que dicen que no hay que sufrir para hacer poesía, pero a mí, particularmente, en los momentos duros es cuando más me sale la inspiración. Por ejemplo, el hecho de emigrar causó un gran dolor y mucha inspiración poética.  

 

¿Dolió emigrar?

Sí. Para mí emigrar fue traumático. Yo creo que la emigración genera una crisis de identidad que se acentúa cuando pasan los años porque ya no soy de aquí pero tampoco soy completamente de allí. Nos marca para toda la vida. Ojalá la gente de ese país que recibe emigrantes supiera lo que significa ser inmigrante, el coste humano que ha tenido que pagar cada emigrante es enorme porque es desarraigarte de raíz.

 

Yo llegué a España con 18 años, ya estaba estructurada como persona y eso hace peor la experiencia.

 

¿Cómo ha sido el acogimiento en España?

Nunca me he sentido discriminada, pero sí hay un punto de racismo en España. Es un rechazo velado, por ejemplo, con el acento. Esa burla que, a lo mejor se hace de buena manera o desintencionada, me chocaba. Puedo decir que España me ha acogido de buena manera, pero, también, ha sido una ruptura con lo que fui, pero es un paso que todo inmigrante debe superar.

 

¿Cuándo va a cuba también se siente extranjera?

No. En Cuba me siento un poco extranjera en el sentido de las cosas que antes no veía y que, ahora, veo con claridad. Mucha gente me dice que cuando va a Cuba le ha chocado la pobreza, a mí nunca me ha chocado la pobreza, yo me crié en un barrio pobre y me siento de allí. Pero me chocan cosas que veo que se han perdido como, por ejemplo, los valores cívicos, el abandono a los ancianos, no por sus familias sino por el Gobierno. Pero yo, en realidad, siempre he pensado que volveré a Cuba. Cuba, La Habana, me espera y yo espero a Cuba, a la Habana, es el motor de mi poesía y de mi vida.

 

La Habana me espera

Con las luces del faro cada doce segundos

cayendo sobre el mar negro del puerto.

 

Con la simplicidad de sus mañanas:

fiesta de uniformes de todos los colores

en pieles multicolores de personas iguales

 

Con el viento azotando mi cara mientras va cayendo

la noche.

Con sus aguaceros y sus oscuridades.

 

Las historias de amor en los rincones,

en los parques y muros y en la hierba.

Y tu magia y tu fe y tus despedidas.

 

Si supieran todo lo que escondes...

sólo yo te recorro en tus adentros,

en silencio, hipnotizada y expectante.

Sólo tú me enloqueces con tu magia.

 

No sé si ella me espera o yo la espero a ella.

Sólo sé que nos encontraremos.

Porque somos como esos amantes

que aunque se distancien, no pueden separarse

(una especie de amor predestinado).  

 

Yo pensaría que un joven cubano que viva en la España actual podría sentirse vencido doblemente. Cuba no ofrece un buen futuro, pero España tampoco. ¿Cómo lo vive usted?

Sí. En Cuba pasa lo mismo que está pasando ahora en España: hay mucha gente formada, pero que para hacerse un camino tiene que irse del país. Pero yo nunca he pensado en España como un país en el cual quedarme, siempre he sabido que España es el primer paso en mi viaje. Pero, claro, es muy frustrante que después de haber tenido esa ruptura que implicó irme de Cuba, después de haber estudiado tanto, después de haber logrado una carrera aquí sacándola con trabajos varios como poner cañas y limpiar baños, ahora no hay futuro. Yo digo que estoy marcada por las crisis porque Cuba ha estado siempre en crisis y llegué aquí y hay crisis. Pero siempre me he tenido que crecer ante las decepciones.

 

¿Crecer implica volver a Latinoamérica?

Sí, yo quiero volver a Latinoamérica y hacer periodismo allí, aunque, también, me gusta África. A veces, hay que arañar la tierra con los dientes y poner los pies y caminar.

 

Hablando de periodismo, le dedica un poema a Julian Assange ¿Es su líder en lo que debe ser, para usted, el periodismo?

Creo que él cambió, definitivamente, la forma en la que vemos la información. Assange le demostró a los poderosos que ellos no siempre van a manipular ni a controlar la información y que ésta puede llegar a todos los ciudadanos. Así, los gobiernos más poderosos se han dado cuenta de que deben tener más cuidado con lo que hacen porque los ciudadanos, al final, nos vamos a enterar.

 

Pienso que la gente ha sido muy injusta con él. Por eso, en el poema digo que hay Poncios Pilato porque, como a Jesucristo, a él también lo abandonó su pueblo. Esto lo digo, sobre todo, porque su país, Australia, lo abandonó y, también, porque, ahora, es un personaje olvidado, que está enclaustrado en la embajada de Ecuador en Londres y ya casi nadie reclama su libertad.

 

Bueno, olvidado no lo tenemos, por los menos, en España. ¿Qué opina de su apoyo a los separatistas catalanes?

Fue una de sus respuestas incómodas y contraproducentes. Es verdad que, a veces, se ha posicionado en cosas que no conoce bien, como el tema catalán. Pecó por desconocimiento, pero eso no quita lo que ha logrado.

 

«Si algún día respirar se vuelve eterno,

respiraré por siempre PO...E..SÍ...A»

¿Es liberadora la poesía, tiene una utilidad?

Para mí es inherente, no la veo como una disciplina. Tampoco creo que tenga ninguna función. El arte no tiene una función. Si emociona a alguien me parece válido. A mí me libera, es catarsis.

 

Dicen que para escribir bien antes hay que hacer poesía. ¿Así lo cree?

En esto no me entiendo a mí misma. Yo creo que la poesía tiene un ritmo, una cadencia, una musicalidad que creo que, efectivamente, para coger ese lenguaje hay que tener referentes poéticos, pero, curiosamente, nunca he leído un libro de poesía entero. Siempre he bebido poemas sueltos de muchos poetas.

 

¿Este poemario puede ser el comienzo para una carrera en la narrativa?

He intentado escribir mil veces novela y sólo me salen cuentos cortos porque soy muy indisciplinada. Escribo impulsivamente, muchos de los poemas los he escrito en segundos. Creo que para escribir una novela hay que haber leído mucho y hay que tener una disciplina.

 

¿El periodismo, también lo ve como una disciplina?

Sí. La poesía la veo como juego, como algo intuitivo y me permito ser indisciplinada, pero en el periodismo, como en la narrativa, yo creo que la disciplina es fundamental. Es inspiración y transpiración.

 

¿Este es el primer libro de varios que vendrán?

No lo sé (risas). Mi sueño es hacer un libro de crónicas periodísticas, es mi próximo objetivo. Sé que poesía escribiré siempre, lo que no sé es si seguiré publicándola.

Contacto: vivian.murcia@ibe.tv

 

 

1 de junio de 2018


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