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CONVERSACIONES IBEROAMERICANAS

Leila Guerriero: «Para mí es inconcebible la idea del periodista de un solo medio»

La argentina defiende la labor de escribir bien y cobrar mejor. Tampoco es amiga de escribir para un solo diario porque «achata la mirada» y «aburguesa la prosa»

Vivian Murcia G.

@vivimur83 / @elportalvoz

Han sido coincidencias bastante dicientes. A pocos días de la muerte de Tom Wolfe (1931-2018)-uno de los más destacados escritores del denominado Nuevo Periodismo- sale esta entrevista con una mujer que ha absorbido esa agitación artística del periodismo narrativo: Leila Guerriero (1967, Junín, Argentina).

 

Wolfe contaba en su libro El Nuevo Periodismo (Anagrama) que los periodistas que «renovaron el oficio» fomentaron la costumbre de «pasarse días enteros con la gente sobre la que estaban escribiendo, semanas en algunos casos». Lo que describía Wolfe era una labor minuciosa de reporteo tanto al personaje como al entorno y muchos pasos más allá: compartir con el entrevistado situaciones de su cotidianidad para que desarmara su pose de entrevistado y, así, poder captar los rasgos más humanos de su personalidad. De esta manera, esa línea delgada que hay entre el periodismo y la ficción que es meterse en la cabeza del entrevistado bien podría quedar saldada si se conocen de ese personaje los detalles de su ser humano.

 

Pues Leila pasó un año trabajando un perfil de Nicanor Parra. Un hombre al que asegura que «no terminó de conocer» porque «era impenetrable, de verdad. Una de las personas más fuertes que he conocido», pero eso, quizás, hace parte del conocimiento real de Parra porque, asegura Leila, que su personalidad «encriptada» no era una pose, Parra era así.

 

Leila Guerriero que se graduó en Turismo ha hecho periodismo del real, un periodismo en el que no hay excusas para dejar de repotear, siempre preguntando, siempre anotando. Leila que empezó su carrera cuando fue con un sobre que contenía un cuento suyo al diario Página 12 y lo dejó en la recepción a nombre del, entonces, director Jorge Lanata, se sorprendió de que la publicaran. De ahí siguió su camino como redactora y después como freelance. A ella no le gustan las comodidades en el periodismo porque «achatan la mirada», pero tampoco defiende la precariedad laboral. A un periodista se le debe pagar y bien porque «el periodista tiene una enorme responsabilidad, es igual que un médico».

 

En un mundo donde se ha minusvalorado el saber escribir, Leila es más que Guerriero una guerrera porque ha defendido sus perfiles trabajados en meses, años, y, claro, el pago por ellos. El pluriempleo que consiste en que un periodista se mueva por varios medios inquieto, dispuesto a hacer varios trabajos de diversos temas es un valor agregado, una demostración de que tiene olfato, está siempre alerta y es inquieto y no de que por «precariedad tenga que buscarse un sueldo cobrando muy poco por varios textos».

 

Esa buena escritura de Leila, que un periodista describe como «prosa de rizos electrizantes» se ha recogido en su nuevo libro Plano americano (Anagrama) que reúne perfiles de personajes llamativos, con aristas tan complejas como usuales en los artistas como Nicanor Parra, Rodolfo Fogwill, Idea Vilariño, Sara Facio, Facundo Cabral, Ricardo Piglia, Juan José Millás, Roberto Arlt, entre otros.

 

Pregunta: ¿Cómo es su método de trabajo?. ¿Cómo se acerca a esos personajes? ¿Realiza varios encuentros?

Respuesta: En este libro hay un poco de todo. Para el perfil de Ricardo Piglia, por ejemplo, sólo tuvimos un encuentro pero muy largo y eso tiene que ver con el dead line que te pide el medio para el que estás escribiendo. Por supuesto, para hacer el texto yo releí la obra de Piglia, hice mucha tarea de archivo, leí mucho lo que se había escrito desde el punto de vista de la crítica y de la academia, etc. Y, después, están los otros perfiles como el de Nicanor Parra que me tomó un año de trabajo, fue un trabajo extenso de reporteo con toda la gente que lo conocía, o el de Amelita Baltar -que es uno de los nuevos textos- que es una cantante de tango estupenda argentina, o el de Sara Facio que es una fotógrafa argentina con las que tuve varios encuentros.

 

Prefiero que sean varios encuentros y, cada vez, con el paso de los años, siento que necesito más encuentros porque realmente he conocido más a fondo a una persona estando mucho tiempo con ella. Cuando estás con esa persona empiezas a ver cómo el otro desarma su personaje público y todo empieza a transcurrir en un ritmo más humano y cotidiano.

 

En el caso de Guillermo Kuitka, por ejemplo, fue un perfil de tres meses de trabajo, de varios encuentros, de reporteo con su hermana, entrevistas con su entorno y, además, acompañarlo a una salida a ver el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) porque me interesaba ver cómo un artista plástico ve la obra de otro. Además, le pedí que me permitiera ir a su taller a verlo trabajar y, muy generosamente, me dijo que sí pese a lo perturbador de la situación porque es como si a vos te pidieran que te dejaran ver mientras escribes, algo realmente íntimo. Pero, diría, que la base de todo mi trabajo es el reporteo. 

 

 


Pregunta: ¿Recopila toda la información y escribe después o puede escribir un párrafo para que no se le olvide?

Respuesta: Toda la escritura va después del reporteo, de todo encuentro, de toda investigación. A lo mejor se me ocurre el arranque, una descripción, pero lo escribo y después lo leo a ver si eso encaja en lo que finalmente he terminado de reportear. Lo que no hago es quedarme presa de eso que he escrito en la etapa del recuerdo. A veces, durante el reporteo me siento particularmente convocada o inspirada por alguna situación y, entonces, surge un párrafo y puedo pensar que ese puede ser el arranque, pero después, a la hora de escribir, reviso esas partes y veo, si a la luz de todo, eso que escribí en aquel momento se sostiene en el tiempo.

 

Pregunta: Están en los perfiles la esposa de Juan Carlos Onetti, Dorotea Muhr, y una de sus enamoradas, amante, Idea Vilariño. ¿Se le ocurrió llegar a ellas como las mujeres detrás de Onetti?

Respuesta: No. El de Idea, por ejemplo, lo hice en el año en que ella murió. Yo tenía su teléfono porque ya tenía la idea de hacerle un reportaje pero nunca la llamaba porque ella no daba entrevistas y yo no quería recibir un no. Estaba casi segura de que me iba a decir que no. Y un día la persona que me había dado su teléfono me dijo «Leila te aviso que hoy falleció Idea» y, ahí, hice entrevistas durante meses con el hermano, el ex marido y releí su obra. Lo único que no pude leer fueron sus diarios porque los albaceas, digamos, preservaban este material para la publicación que fue póstuma.

 

Y Dolly, para mí, siempre fue una persona que me llamó mucho la atención. Cuando hice toda la investigación sobre la vida de Idea y Onetti apareció Dolly y pensé ¿qué tipo de mujer está con un hombre así? (mujeriego).

 

Un día tuve una conversación con Juan Villoro quien me dijo que conocía a Dolly y que era una mujer interesantísima, y, con los años, su nombre empezó a ripequetearme. Pasaron los años y la llamé por teléfono. Me atendió ella con su estilo así muy marcial, divina igual, y me dijo que sí que fuera a la casa que no tenía ningún problema. De hecho, para ella era increíble que yo estuviera interesada en hacer un perfil sobre ella, todo el tiempo me hablaba de Onetti, y  yo le decía «Dolly yo quiero hablar sobre usted» y ella decía «yo no tengo nada interesante» y, sin embargo, es una mujer alucinante.

 

Ellas son mujeres muy interesantes, nunca las pensé como las mujeres detrás de Onetti, que eso podía ser como la percha periodística fácil.

 

Pregunta: ¿Qué manía o detalle de estas personas le impactaron especialmente?

Respuesta: Me acuerdo de frases. Por ejemplo, Juan José Millás me dijo en un momento que «pensaba a los escritores como asesinos seriales dispersos cada uno metido en lo suyo y cada uno preguntándose qué estará haciendo el que está allá afuera», me quedan esos pensamientos, pero no me he quedado con ninguna manía.

«De Nicanor Parra me quedó la sensación de haber estado con un tipo realmente genial. Era más joven que todos los que estábamos en esa sala y nos llevaba, por lo menos, cincuenta años»

Pregunta: ¿Qué le quedó de, un personaje tan peculiar, como Nicanor Parra?

Respuesta: Me quedó la sensación de haber estado con un tipo realmente genial. Todos los incluidos en el libro son geniales, pero este tipo era genial de una manera muy rara, muy distinta.

 

Cuando yo lo vi ya con noventa y algo de años me sorprendió su grado de modernidad. Era más joven que todos los que estábamos en esa sala y nos llevaba, por lo menos, cincuenta años. Creo que es una de las personas, sin duda, más encriptada, más inaccesible que he conocido. De hecho, yo sé que no lo conocí porque era una persona realmente fuerte. Un tipo que te da la sensación de una especie de blindaje interior e invulnerabilidad total, total y, absolutamente, creíble porque hay gente que uno ve fuerte, pero que sabe que, en algún punto, lo puede conocer, pero éste me dio la sensación de una especie de acorazado que también era parte de ego.

 

Pregunta: Para llegar a esos personajes como Nicanor Parra o Dorotea Muhr habrá que pasar por mucho antes. ¿Cómo era su trabajo antes de ser la firma Leila Guerriero?

Respuesta: Evidentemente, para alguna gente, quizás, del mundo periodístico, es un nombre más conocido, pero yo te aseguro que si le preguntas a cualquier persona que pasa por la calle o en este café les preguntas ¿quién es Leila Guerriero? ellos no tienen ni la menor idea.

 

Puede que una persona que esté relacionada con el mundo cultural me conozca y, depende, porque, por ejemplo, y aunque es un mundo que a mí me interesa mucho, yo estoy segura que el representante de un cantante de rock famoso no tiene ni la menor idea de quién soy y lo llamo yo y me va a tratar como a cualquier periodista, que no está mal.

 

Ahora, a lo mejor, como uno conoce a más gente, consigue un teléfono más fácil y los pasos que te separan de Dolly ya no son 45 sino que son tres o dos porque conoces a alguien que conoce a alguien. Pero cuando llamé a Dolly, por ejemplo, ella no tenía ni idea de quién era yo e igual hice mi trabajo.

 

Mi método, entonces, no ha cambiado. A veces, leo notas viejas mías y veo que yo ya no escribo así, pero descubro toda la vocación de ir tras cada dato, todas las pistas, toda la información y eso me da ternura y digo qué bueno que ya era así entonces. Ahora me lleva más tiempo, soy más minuciosa, porque siento más la responsabilidad de escribir acerca de algo.

 

Pregunta: Escribir sobre los otros, siempre tratando de descubrir al detalle a otro, ¿le sirve para algo personal?

Respuesta: No sé, no lo veo como un oficio que me deba ayudar. Sin duda, se te van quedando cosas, aprendizajes, frases que te impresionan mucho, maneras de vivir que te resuenan mucho.

 

Recuerdo, sobre todo frases, como la del mago René Lavand, a quien le faltaba la mano derecha y era mago de close up (de cerca), sobre su forma de concebir el oficio transformando su mano izquierda, la inhábil, en la mano más hábil del mundo: él me contaba la sangre, el sudor y las lágrimas que hay que poner en el ensayo, y me decía algo así como «primero hay que trabajar en hacer consciente el movimiento para controlar el músculo, pero que hasta que el conocimiento no llega al músculo, es un conocimiento que no sirve». Es un pensamiento que tiene todo que ver con el trabajo de la escritura.

 

El hecho de conocer muchas realidades ya es un enriquecimiento.

 

Pregunta: ¿El cine la enriqueció más que el periodismo?

Respuesta: Mirá, no sé si más o menos. Yo siempre leí mucho y siempre fui mucho al cine. Eso va de la mano. Desde pequeña podía ver tres o cuatro películas por día. Sí, me influyó muchísimo lo visual a la hora de la escritura y, también, en la capacidad que tiene de transmitir emoción.

 

Cuando vos ves una película como La edad de la inocencia, por ejemplo, que la puedo ver setenta millones de veces, me pregunto cómo algo tan hermoso puede ser transmitido. Yo creo que busco provocar la misma emoción en la escritura: que cuando alguien lea mi texto tenga una emoción sólida como la del cine.

«Yo te aseguro que si le preguntas a cualquier persona que pasa por la calle o en este café les preguntas ¿quién es Leila Guerriero? ellos no tienen ni la menor idea»

Pregunta:¿Cómo lleva eso del pluriempleo? En España atravesamos una crisis la identidad de la clase obrera donde el oficio, el periodismo, se ha precarizado. 

Respuesta: Para mí el pluriempleo siempre estuvo en la raíz del oficio periodístico. Yo nunca hice una sola cosa, nunca. Para mí es inconcebible la idea de reportero de un solo diario. Me parece que eso aburguesa la prosa y achata la mirada. No es una necesidad económica, aunque por supuesto también, pero creo que es algo que te mantiene despierto, alerta, que te permite explorar.

 

Para mí, lo fundamental sigue siendo la escritura y defiendo el pluriempleo siempre y cuando no sean tareas precarizadas, no se pague mal o no se pague, eso no tiene ningún sentido.

 

Que no te inviten o te obliguen a trabajar gratis y que siempre el trabajo implique cierto desafío, un riesgo porque es aconsejable, para alguien que hace algo creativo, meterse en problemas.

 

Pregunta: Usted estudió turismo, me imagino, que porque quería viajar.


Respuesta: Sí, pero es una manera muy tonta suponer que uno va a viajar estudiando eso.

 

Pregunta: ¿Qué pasó en esa decisión? ¿Se arrepiente?

Respuesta: No, de hecho, disfruté estudiar turismo. Pasó que yo quería escribir, pero, la verdad, no tenía ni la menor idea de cómo se hacía una vida con la escritura en términos de ganarse la vida y, sin embargo, me parecía la peor vida posible ganarme la vida de otra cosa y escribir en los ratos libres. Letras era claramente la carrera que yo de cajón tendría que haber seguido, pero cuando empecé a ver el programa vi que me preparaba para ser una estupenda crítica o una estupenda investigadora, pero no para escribir. Me daba miedo que la carrera de Letras me formateara demasiado la cabeza y que me fuera perniciosa para la escritura.

 

Entonces, Turismo tenía un abanico de materias, tenía eso que llamábamos cultura general, tenía Historia, Historia del arte, Geografía, Arqueología, Antropología, folclore, claro, también tenías esas materias como emisión de billetes y esas cosas horribles, pero la carrera estaba muy bien y por eso la elegí. La disfruté pese a esas materias de emitir los pasajes.

«Para mí, lo fundamental sigue siendo la escritura y defiendo el pluriempleo siempre y cuando no sean tareas precarizadas, no se pague mal o no se pague, eso no tiene ningún sentido»

Pregunta: ¿Cómo logra meter los primero artículos en circulación? Que es el gran desafío ahora, ya que a los jóvenes los medios les dicen 'vale, mándalos pero gratis...

Respuesta: Cuando terminé Turismo estaba claro que no quería trabajar de eso, y por ver qué pasaba, envié un cuento, pero no para conseguir un empleo sino para combatir la frustración de escribir y decir «por ahí alguien lee ese cuento».

 

Yo no sabía cómo eran los carriles de publicación y estaba enfocada en la ficción en ese momento. Fui a 'Página 12' que era el diario en el que publicaban las mejores firmas, las que a mí me gustaban y había un suplemento que se llamaba 'Verano 12' y ahí publicaban cuentos de escritores consagrados, bueno escritorazos, como Chéjov, Salinger, y en la portada un cuento corto de un lector.

 

Yo no conocía a nadie y en el diario me atendió un chico en la recepción y me dijo que el suplemento que lo dirigía Rodrigo Fresán, a quien yo ya admiraba, ya lo tenían cubierto, pero me dijo que dejara el sobre a nombre de Jorge Lanata, el que era director del diario. Tres días después mi papá me despertó y me dijo: '¿Nena vos estás publicando en 'Página 12'?' y le dije: 'No', y me dijo: 'Sí', y me mostró la contratapa del diario donde publicaban Gelman, Soriano, Fresán, Alan Pauls, y habían publicado el relato que yo había dejado.

 

Me morí de la emoción y llamé al diario, yo no había dejado ni mi teléfono. Contacté con Lanata y me dijo '¿De dónde saliste?

 

Me pidió que nos conociéramos, fue a Buenos Aires tuvimos una reunión muy afable, y me dijo que si quería escribir no me quedara en Junín. Pero yo le dije: "Si tienes algo que yo pueda hacer porque venir a Buenos Aires y escribir en mis ratos libres es la muerte para mí". Él me dijo que nos mantuviéramos en contacto y me preguntó si tenía algo más escrito y yo le mentí: le dije que tenía una novela que, después de esa reunión, me encerré un mes a escribirla y se la envié. Yo creo que él vio en ese gesto una especie de voluntad invencible y seis meses después empecé como redactora en 'Página 30'.

«Disfruté estudiar turismo. Pasó que yo quería escribir, pero, la verdad, no tenía ni la menor idea de cómo se hacía una vida con la escritura en términos de ganarse la vida y, sin embargo, me parecía la peor vida posible ganarme la vida de otra cosa y escribir en los ratos libres» 

Pregunta: Es normal que se la vea tan alegre contando esa anécdota que habrá repetido unas mil entrevistas más, pero no deja de ser una bonita historia y, sin quitarle el rato dulce, ahora puede que eso que le pasó a usted sea un imposible. Los medios están en una clarísima crisis en la que no han encontrado la manera de hacer rentable el mundo digital que, según sus dueños, han precarizado la labor del periodista.

Respuesta: Si hay gente en la facultad de periodismo quiere decir que hay mucho campo todavía para explorar y creo que es precisamente una crisis de medios más que de periodistas. Por supuesto, los periodistas necesitamos medios donde publicar, pero a mí me parece que los medios, más allá de la crisis y de todo, son irremplazables.

 

El otro día leía el discurso que dio Soledad Gallego cuando le dieron el Premio Ortega y Gasset (por su trayectoria) y pensé «habría que empapelar los periódicos con ese discurso» en el que hace una defensa de la redacción periodística y que dice, sobre todo, que lo hacemos mejor porque lo hacemos todos juntos. Es una manera elegante, amable, pero incisiva y crítica a los medios que confunden plataforma periodística con contenido.

 

Me parece que el periodista que está temeroso es aquel que pueda sentir que lo que hace él es algo que puede hacer cualquiera. Yo creo que ningún periodista de verdad debería sentir eso, debería tener una mirada, una capacidad de análisis de datos que es irremplazable. Daniel Samper tiene una frase muy graciosa: «El periodismo ciudadano es como la medicina ciudadana» y yo creo que es verdad, tú no le ofrecerías tu apéndice a alguien que está pasando por ahí con un cuchillo, pues el periodismo también es un oficio muy delicado porque estamos trabajando con informaciones, con datos, con  historias que le pasan a la gente. Eso te coloca en un lugar de mucha delicadeza.

 

Pregunta:  Usted dice que no toda la gente tiene algo interesante qué contar, que no vamos a sacar perfiles de todas las personas. Entonces, ¿hay gente a la cuál destacar?

Respuesta: No sé si destacar. Para mí no todo el mundo tiene una historia interesante para contar, pero a lo mejor para otro periodista eso que a mí no me interesa le parece sumamente interesante y es natural, y mejor, que así sea. Claro, cuando haces un perfil de una persona estás, de alguna manera, subrayando esa vida y lo que se lee detrás de eso es que yo creo que vale la pena que conozcan a este ser humano o porque es un monstruo o porque es una maravilla o porque es una persona como usted o como yo que ha hecho cosas impresionantes o con las que le ha ido sumamente mal.

 

No creo en esa cosa de que todo el mundo, si lo miras de una cierta manera, resultará interesantísimo. Puede que sea una persona interesante para tener una charla pero el periodismo es otra cosa. Debe tener una historia más universal.

 

Pregunta: ¿Nunca le ha llamado la atención alguien y no poder sacarle una historia interesante?

Respuesta: Me pasó hace muchísimo tiempo. Me llamaba la atención un vecino que era chino y trabajaba en un supermercado chino y no sabía qué hacer con esa curiosidad hasta que un día me llamaron de la revista 'Lateral' y me dijeron que estaban haciendo un número sobre la inmigración y se me ocurrió que había algo superimpenetrable de este chico chino, que sabe más de lo que como que yo misma, y, al final, salió una nota con él. A veces, una persona que no tiene, aparentemente, mucha historia, te ayuda a llevar a delante un tema, pero, aún así, no creo que todo el mundo sea objeto del periodismo.

 

Pregunta: ¿Haría un perfil de Donald Trump? ¿Qué buscaría desentrañar?

Respuesta: Lo haría, claro, pero sin partir de prejuicios. Por supuesto, que Trump me parece una persona terrible, pero me parece que muchos medios norteamericanos se confiaron en la idea de que una persona tan asquerosa no iba a ganar nunca y se pasaron el tiempo confirmando el prejuicio que ellos tenían haciendo pensar que la realidad era ese frasquito que ellos habían diseñado sin ver una enorme masa de votantes.

 

Trump me parece todo lo que se dice mal de él y más pero, por supuesto, que como periodista me interesaría muchísimo hacer un perfil de él y trataría de descubrir lo que trato de descubrir con todo el mundo: cómo funciona esa cabeza, qué clase de informaciones, de ecuaciones maneja este sujeto para emitir ese discurso. Trataría de verlo vivir. No lo haría jamás porque sé que jamás voy a tener el acceso que yo necesito para ver algo de Trump que sea más real, para ir a ver lo que todo el mundo ve, yo no, gracias.

 

Pregunta: ¿Le gustaría hacer perfiles de grandes mandatarios?

Respuesta: No. Sé que el acceso a ellos, el acceso a las cosas reales de su ser, a las que yo necesito, es imposible. Me han ofrecido, muchas veces, hacer el perfil de Cristina Fernández de Kirchner, que es una persona con muchas aristas interesantes, pero rechacé siempre porque era una mujer muy inaccesible a la prensa, casi todos los presidentes lo son, pero ella en particular lo era.

«El otro día leía el discurso que dio Soledad Gallego cuando le dieron el Premio Ortega y Gasset en el que hace una defensa de la redacción periodística y que dice, sobre todo, que lo hacemos mejor porque lo hacemos todos juntos. Es una manera elegante, amable, pero crítica a los medios que confunden plataforma periodística con contenido»

Pregunta: ¿Se sacan mejores historias de personas en precariedad humana, psicológica o económica?

Respuesta: Creo que ese es un cliché. Se sacan buenas historias cuando el tema que tienes en frente te produce curiosidad. La gente que está en este libro es gente que se dedica a cuestiones creativas. El creador tiene un grado de complejidad importante, no es poco usual encontrar gente con muchas angustias existenciales que a lo mejor otra gente no las tiene. Quizás las otras personas tienen metas más realizables, mientras el artista tiene un afán de trascendencia insaciable, aunque no lo diga.

 

Yo he entrevistado a gente muy simple con unas miras muy interesantes y esa precariedad acaba más en lo material. He entrevistado a gente que no tenían precariedad de ningún tipo y ha sido igual de interesante, a gente con un humor increíble. El interés está en que te interese ir a hablar con esa persona. Hay gente que es creativa y compleja pero que puede ser poco interesante.

 

Pregunta: ¿Qué personaje se le ha resistido?

Respuesta: Una sola vez me pasó con un artista argentino, un artista plástico. No seguí adelante porque me di cuenta de algo fallaba. Hicimos una entrevista y no había manera de sacarle algo, él nunca entendía por dónde iban mis preguntas. Yo le preguntaba cosas de su arte y me contestaba con un discursos súper académicos y yo creo que, en ese sentido, fallé yo.

 

Pregunta: ¿Falla uno como periodista y no el entrevistado?

Respuesta: Sí, porque uno tiene que tener paciencia y volver a entrevistar otra vez y si no otra y si no resulta pues no resulta, pero hubo algo de mí que no encajó o quizás no tenía tiempo, no recuerdo.

 

Creo que el que falla es el periodista, hay algo que no resuena con uno o no sabes cómo resolver.

 

Acabo de terminar un libro con una persona que me llamaba la atención desde hace muchísimo tiempo, un día levanté el teléfono, llamé, me recibió en su casa y confirmé lo que yo ya había visto en anteriores entrevistas: repetía las mismas anécdotas y las mismas respuestas, fue una entrevista muy larga, como de tres horas y media, y me fui de allí convencida de que no había logrado nada y con la promesa de esta persona de llamarme para que fuera a su casa de nuevo. Me fui un poco desilusionada, pero había algo allí que yo percibía y, hacia el final de la segunda entrevista, estábamos sin grabadora y saltaron algunas chispitas, entonces, lo desde abril hasta diciembre, casi una vez por semana, y, ahí, todo empezó a fluir, pero es un caso en el que yo tuve tiempo y paciencia.

«Para cubrir un conflicto tienes que ser sumamente rápido, no hay mucho tiempo para contemplar, por eso no lo hago. Ahora, cubrir lo que pasa después de una guerra, eso sí me interesaría. Todo lo que está pasando en Colombia, por ejemplo, me preocupa mucho»

Pregunta: Usted hizo una crónica sobre los forenses que buscaban a los desaparecidos de la Dictadura de Argentina. ¿Le interesaría, por ejemplo, cubrir temas de conflicto, la posguerra en Colombia, Siria, Yemen, etc.?

Respuesta: El conflicto no me llama. Yo quería ser corresponsal de guerra hace muchos años y me parece realmente admirable la labor de los corresponsales de conflictos, pero yo te diría que hace falta una rapidez que yo no tengo.

 

Para cubrir un conflicto tienes que ser sumamente rápido, escapar todo el tiempo es ya estar corriendo y no hay mucho tiempo para contemplar. Ahora cubrir lo que pasa después de una guerra, eso sí me interesaría. Hay una diferencia grande entre ser corresponsal de guerra e ir al posconflicto. Todo lo que está pasando en Colombia, por ejemplo, me preocupa mucho, lo que pasó con los tres periodistas muertos en la frontera con Ecuador, lo que está pasando con los campamentos de las FARC a los que la gente se le prometió una cosa y hay otra, las elecciones que se acercan y me preocupa que vaya a ser esto una bomba que le vuelva a estallar en la cara al gobierno que entre en Colombia.

«Creo que el que falla es el periodista y no el entrevistado, hay algo que no resuena con uno o no sabes cómo resolver. Porque uno tiene que tener paciencia y volver a entrevistar otra vez y si no otra y si no resulta pues no resulta»

Pregunta: ¿Le interesaría contar esto de Colombia?

Respuesta: Sí, pero tendría que encontrar una manera. Yo soy súper respetuosa con los conflictos. Martín Caparrós, a quien admiro enormemente, lo ha hecho, por ejemplo, pero porque él ha viajado por medio mundo y tiene la capacidad de comprender las políticas sociales y económicas de los más diversos lugares del mundo. Esa es una capacidad envidiable, lo hace muy bien y, sobre todo, no es reduccionista.

 

A mí siempre me da mucho miedo caer en eso, en el reduccionismo. No comprender una realidad a fondo.  Me pasa, muchas veces, que leo crónicas de gente extranjera sobre la Argentina y aquello no es la realidad, entonces, me da mucho temor que una persona a la que yo respete, no sé Alberto Salcedo Ramos, por ejemplo, lea una crónica mía sobre Colombia y diga ¡qué hizo Leila!.

 

He hecho varias cosas fuera de mi país, en Chile, en Zimbabwe, pero son cosas muy puntuales sobre temas muy precisos y, ahí, me animo más que a contar una cosa tan amplia como un conflicto. Contar un país me da respeto.

Contacto: vivian.murcia@ibe.tv 

 

 

16 de mayo de 2018


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