ibe.tv > EL PORTA(L)VOZ


Chema Caballero

EXPERIENCIAS IBEROAMERICANAS

Chema Caballero: «África no existe, salvo en el nombre, como decía Kapuscinski»

Tras casi 20 años como misionero en Sierra Leona, Caballero asegura que la falta de interés mediático por África ha hecho que el continente se encuentre en un estado de paz frágil

Vivian Murcia G.

@vivimur83 / @elportalvoz

Ya lo decía Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas: «He visto el demonio de la violencia, el demonio de la codicia, el demonio del deseo ardiente, pero, ¡por todas las estrellas!, aquéllos eran unos demonios fuertes y lozanos de ojos enrojecidos que cazaban y conducían a los hombres, sí, a los hombres, repito».

 

La novela publicada en 1889 introduce al lector en un continente del que Conrad se preguntaba -hace más de un siglo- ¿cómo podía la violencia del hombre blanco extenderse por sus agrestes tierras y someter a sus hombres negros y fuertes?. La pregunta de Conrad sigue vigente. África es el continente donde se han presenciado los conflictos coloniales más extremos que han dejado estructuras estatales debilitadas, caracterizadas por la corrupción y la tiranía.

 

Algunos testigos del sufrimiento del continente han sido los misioneros que han dedicado gran parte de su vida a ayudar a la gente del continente. El Proyecto Memoria impulsado por la Casa de África y la Fundación La Caixa recoge los testimonios de algunos de los misioneros. Sus experiencias van desde la guerra entre blancos y negros en Zimbabwe, pasando por la Guerra Civil de Uganda, los enfrentamientos militares en Sierra Leona, entre otros. El común denominador de estas guerras son la violencia ejercida hacia las minorías étnicas, la desnutrición, la falta de garantías para el cumplimiento del Derecho Humanitario Internacional y un largo etcétera de carencias que se escuchan constantemente en los testimonios de cada misionero.

 

El Proyecto Memoria no es sobre África sino sobre las personas que han ido a ayudar a sus habitantes desde hace treinta o cuarenta años atrás, cuando la idea de comprar un billete al continente era los más parecido a empezar una página del Corazón de las tinieblas.

 

¿Qué les hace aparecer allí aunque estallen guerras? La gente porque «cuando el Estado deja de prestar atención nosotros no podemos hacer lo mismo», dice uno de los misioneros.

 

Kapuściński decía en Ébano que «la esencia de África consiste en su infinita diferenciación», por eso, cada testimonio es único y responde a una experiencia particular que va unida a la realidad del país al que se es destinado como misionero.

 

Es el caso de Chema Caballero quien llegó a África el 1 de octubre de 1992. Concretamente, aterrizó en Sierra Leona en donde trabajó hasta 2010 cuando volvió a España, su país de origen. Caballero ha trabajado en la rehabilitación y reinserción de niños excombatientes de las guerrillas y esclavos sexuales.

 

«El impacto de llegar a África es indescriptible. Inicialmente, iba por dos años de prueba en Sierra Leona. Cuando me bajé en el aeropuerto me impactó la fila de militares -acababa de empezar la Guerra Civil-, el golpe de Estado de Valentine Strasser se acababa de producir. Todo estaba oscuro, me sentí solo. Cuando llegas a África te enfrentas a un toro y piensas ¿qué voy a hacer? ¿qué me puede pasar? ¿cómo me enfrento a este lugar? Los esquemas se te rompen», comenta a El PortalVoz.

 

Lo primero que tuvo que hacer fue empezar a estudiar creole, la lengua de las tribus de Sierra Leona. «Pensaba que con el inglés bastaba, pero no. Es muy importante hablar con la gente en su lengua para que se abran y estén dispuestos a contarte sus historias», comenta Caballero.

«La inutilidad de predicar la Biblia ante soldados enajenados y armados hasta los dientes fue evidente»

Los primeros años de Chema en Sierra Leona estuvieron dedicados a la exploración, se paseaba por los mercados, por las casas, como él dice «se dejaba ver» para que aquel blanco dejara de impresionar por su color de piel exótico y pasara a ser uno más del paisaje.

 

En 1998 Unicef le pidió que empezara a trabajar con los niños soldados reclutados por la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (FRU, también RUF por sus siglas en inglés), financiada por la explotación de diamantes y encabezada por Charles Ghankay Taylor. Dada la extrema situación de violencia, la misión javeriana a la que Caballero pertenecía se planteó si seguir el rumbo de la ayuda humanitaria misionera a través de la catequesis, los bautizos y demás ritos religiosos. La inutilidad de predicar la Biblia ante soldados enajenados y armados hasta los dientes fue evidente.

 

«Así que dejamos de lado la catequesis y empezamos a fomentar el deporte y la educación para el cambio. En un primer momento, las guerrillas empezaron a pedirnos arroz a cambio de liberar a menores reclutados, nos dimos cuenta de que era un intercambio que perpetuaba a la guerrilla. Nos negamos y la situación violenta no cesó. Así que llamamos a Naciones Unidas para que sacaran a los menores de las guerrillas», asegura Caballero.

 

Los Cascos Azules -de Naciones Unidas-, que han funcionado como una especie de fuerza neutra, lograron rescatar a más de 114 menores que Chema tuvo a su cargo. «Eran menores profundamente atormentados. Habían sido violados, maltratados, habían llegado, incluso, a matar a sus propios padres, eran máquinas de matar», dice Caballero.  

 

«Lo importante es no perder la paciencia», afirma Caballero. «Un menor que ha matado a sus padres no puede hablar del tema fácilmente. Se necesita mucho tiempo para generar vínculos de confianza y se necesita, sobre todo, saber escuchar».

 

Además, se necesita entender. «Resulta muy delgada la línea entre la culpa y la estigmatización. No es fácil no culpabilizar a los menores que cuentan cómo han cortado manos, comido corazones humanos, que tienen sed de violencia. Hay que lidiar con esas historias», confiesa Caballero.

 

Chema también ha sentido el fracaso. No todos los menores se rehabilitan. Los casos más difíciles son los de los jóvenes que han asesinado a sus propios padres. Para ellos, los misioneros buscan familias sustitutas que recogen de a 5 a 6 menores por hogar. Pero, también, se dan casos con finales algo más alentadores. Es la historia de Shake un joven al que en la guerrilla apodaban como 'crazy', porque durante la guerra mataba como un 'loco'.

 

Ahora se hace llamar 'cool' que es sinónimo de tranquilo, un estado emocional al que le costó mucho llegar. Pasó por el centro en el que recibió ayuda psicológica salió y se convirtió en taxista. Hoy es padre de dos niños por quienes trabaja más de 12 horas al día en un taxi en el que un día recogió a Chema desde el aeropuerto. «Se siente frustrado, se pregunta cómo después de pasar tantos años en la guerra, ahora, se ha convertido en un esclavo más del trabajo. Gana lo mínimo para sostener a su familia», asegura Caballero. Pero, aún con la precariedad económica a cuestas, este joven le ha confesado que prefiere su vida de esclavo taxista a la de matón: «Aún no puede dormir», comenta Caballero, «cuando cierra los ojos en la noche ve la cara de su padre aterrorizado antes de que él, su hijo, lo matara».

 

Otro proceso largo ha sido el de las chicas. «Aún es muy difícil convencer a las familias de que las mujeres pueden ir a la escuela y formarse. Hoy, en el último año de secundaria hay siete niñas, son pocas, pero te satisface», dice Caballero.

«Chema Caballero también ha sentido el fracaso. No todos los menores se rehabilitan. Los casos más difíciles son los de los jóvenes que han asesinado a sus propios padres»

La emancipación femenina no ha llegado a Sierra Leona -un país en el que la mutilación femenina alcanza el 90% de las mujeres-, pero se han dado pasos para su reivindicación. Uno de estos lo presenció Chema cuando tuvo la idea de crear una liga de fútbol femenina. «La comunidad se escandalizó al ver a las chicas en pantalones cortos», comenta Caballero. Como respuesta a la negativa de los hombres, las mujeres mayores dejaron sus faldas largas un sábado por la mañana y se pusieron ropa deportiva para hacer footing; así se reclamó a la sociedad el derecho a las menores a hacer deporte», asegura Caballero.

 

El deporte es una herramienta clave en los procesos de reinserción de menores. Da disciplina y, sobre todo, genera la capacidad de respeto hacia el otro. En los deportes hay reglas que cumplir y ganar siempre es sinónimo de mayor autoestima.

 

Pero en el trabajo humanitario las pequeñas ganancias se mezclan con las grandes frustraciones. Chema cuenta como Sierra Leona es hoy un país que está experimentando un gran desarrollo económico que se materializa en que la gente tiene móviles o televisores, pese a que estos han servido para que el auge de la cultura occidental se refleje en jóvenes que caminan por las calles sierraleonesas vestidos como raperos salidos de la MTV.

 

Pero, principalmente, Sierra Leona está creciendo por la explotación de minerales: hay exportación de hierro, de diamantes, de coltán, de oro, de petróleo... Toda esta riqueza mineral estaría muy bien si no fuera porque, como lo cuenta Caballero, «la gran mayoría de empresas que explotan estos minerales son europeas que emplean mano de obra africana a muy bajo coste», es decir, África sigue explotada.

«El Tribunal especial para Sierra Leona ha juzgado a los máximos responsables en La Haya, como a Charles Taylor -condenado a 50 años de prisión por crímenes de lesa humanidad-, pero no lo ha hecho con los mandos medios»

La situación es preocupante: además de la existencia de niños trabajadores y adultos pobres trabajando para las compañías mineras, la desigualdad es notoria: «Hay gente cada vez más pobre y ricos más ricos. Sin embargo, hay una clase media trabajadora en la que veo una luz. Son trabajadores que se oponen a que los impuestos que pagan alimenten las arcas públicas que los corruptos vacían a su antojo», asegura Caballero.

 

La sociedad de Sierra Leona es dinámica pero frágil y no sólo en materia económica. Además, hay un sector de víctimas que reclaman justicia social.

 

«El Tribunal especial para Sierra Leona ha juzgado a los máximos responsables en La Haya, como a Charles Taylor -condenado a 50 años de prisión por crímenes de lesa humanidad-, pero no lo ha hecho con los mandos medios, lo que causa un sentimiento de injusticia. Hay aldeas en las que hay asesinos que conviven junto a sus víctimas y, por supuesto, la tensión es palpable», dice Caballero.

 

El acuerdo de paz de 2002 se ha caracterizado por su flaqueza: ha sido criticado dentro y fuera de este país africano, pues incluye una amnistía general a los guerrilleros. ¿Qué ha fallado? «Posiblemente había que haber invertido mucho más dinero», comenta Caballero. La cuestión es que las guerras son mediáticas y, hoy, Europa ya no se preocupa por Sierra Leona, no hay interés por hablar sobre un país que se dice en paz. Caballero sentencia: «África no existe, salvo en el nombre, como decía Kapuscinski, es mucho más que un solo país, son muchas realidades que se han dejado de atender mediáticamente, pero me queda la esperanza de seguir aportando mi grano de arena».

Para conocer más historias del Proyecto Memoria ingrese a www.proyectomemoria.es

Contacto de 'El PortalVoz': vivian.murcia@ibe.tv

 

 

4 de mayo de 2018


Más en El Porta(L)voz


Hoy en ibe.tv


 
 
 
 

Programa de Cooperación IBE.TV
Fuencarral, 8 - 2º / 28004 Madrid / +34 91 522 70 99 / unidadtecnica@ibe.tv