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Alma Guillermoprieto

PERSONAJES LATINOAMERICANOS

Alma Guillermoprieto, testigo directo y transmisora de la realidad latinoamericana

La periodista mexicana ha sido elegida como Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, convirtiéndose en la primera mujer latinoamericana en ganarlo

Vivian Murcia G.

@vivimur83

Alma Guillermoprieto (así firma ella) es una periodista no una comunicadora de datos. Ella entiende que el oficio del periodista no es repetir tres cifras que se dan en una conferencia de prensa, de hecho, en más de una ocasión en los talleres que imparte en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano a la que la invitó su fundador Gabriel García Márquez, se ha declarado enemiga de asistir a las ruedas de prensa o de leer los comunicados que los departamentos de comunicaciones elaboran.

 

Hoy, son muy pocos los periodistas que entienden que el correo electrónico no puede convertirse en la agenda informativa y son aún menos los que entienden que las redes sociales no pueden funcionar como cronómetros que dan como resultado artículos de medio pelo que, por el afán de twittear, se publican con pésima prosa y sin contrastar poniendo al lector en el peor de los juegos en el que el periodismo ha entrado: la mentira.

 

Alma Guillermoprieto ha alertado a los jóvenes periodistas de los peligros de jugar al clic fácil y lo ha hecho contando su propia experiencia: como lo narra en su libro La Habana en un Espejo, un día aceptó que no sería una gran bailarina y se fue a Cuba. Allí presenció nada menos que la Revolución de Fidel Castro y se hizo observadora que es, según ella, la clave del periodismo. Tuvo un buen entrenamiento: en Cuba aprendió a ver lo que los comunicados oficiales no querían mostrar, aprendió a indagar, a ir al fondo, a ver en las vidas de las personas las verdaderas consecuencias de los discursos políticos, se hizo periodista.

 

De Cuba se fue a Centroamérica para cubrir las guerras de El Salvador y Nicaragua para el diario inglés 'The Guardian'. Era freelance y no tenía dinero. En un taller de periodismo contó que le tocaba 'pegarse' a su amiga fotógrafa Susan Meiselas, del 'New York Times', quien sí tenía viáticos.

 

Lejos de las comodidades del periodismo de teléfono y ordenador, conoció la verdadera cara de la violencia: la de los campesinos y civiles en zonas de combate. También le ayudó el haberse unido al trabajo de una fotógrafa porque como Guillermoprieto lo señala en una entrevista: «Para los fotógrafos realmente las conferencias de prensa no valen nada porque no hay nada que ver. Uno tiene que llegar al sitio donde hay algo que ver, así que iba con Susan adonde fuera ella, y tomaba la foto con los ojos de lo que ella veía a través de la lente de su cámara. Por otro lado, creo que siempre me pareció estúpido escribir lo que los demás escribían; entonces, para no hacer eso, me fijaba en lo que había a mi alrededor».

 

Sin comodidades, también cubrió en los años noventa la Guerra Civil colombiana, el conflicto de Sendero Luminoso en Perú, las secuelas de la guerra sucia en Argentina y Nicaragua post sandinista. Fueron estos reportajes los que transformó en un libro Al pie del volcán te escribo que es un clásico del periodismo.


Sus coberturas son relatos vívidos de la denominada «década perdida» de América Latina. Un periodo en el que las guerrillas, la droga, la corrupción y un largo etcétera marcaron la historia del subcontinente al que Guillermoprieto aún observa con preocupación: «Por un lado, América Latina es la región con la que yo sueño cuando estoy fuera, y me ha tocado estar fuera mucho; pero, por otro lado, también es el país donde nunca jamás acabamos de ser nosotros mismos, donde nunca jamás logramos nuestras metas, donde nunca jamás las cosas que deberían ser son», asegura en una entrevista.

 

Alma Guillermoprieto es bilingüe y la mayor parte de su trabajo periodístico lo ha escrito en inglés en la revista 'Newseek' de la que fue Jefa para América del Sur, 'The New Yorker', 'The Washington Post' y 'The New York Review of books'.

 

En una entrevista aseguraba que el haber pasado su adolescencia en Estados Unidos pudo haberla ayudado a mirar desde el asombro a su país México y a toda Latinoamérica. «Vivo en un estado de asombro permanente frente a lo que me debería resultar una realidad familiar», señala.

 

Esa capacidad de estupefacción es la que echa de menos en el periodismo de hoy, imbuido en el mundo digital. Ella aconseja caminar más y, aunque sabe que hacer buen periodismo es caro, ella es un ejemplo vivo de que se puede ser periodista resistiendo a las presiones, gastando infinitas horas que se quedan en una página, pero lo hace y lo cuenta porque sabe que el hombre es un ser que necesita contarse la historia de su vida y de su entorno y, para eso, está el buen periodismo: «¿Qué formato van a tener esos cuentos en el futuro? No lo sé. Tengo muy claro, eso sí, que quien va a descubrir esas formas no soy yo, sino tú y la gente de tu edad. Y sí, para los de mi generación -y lo hemos dicho mil veces y es muy aburrido escucharlo-, que pensamos que íbamos a cambiar el mundo, es desconcertante descubrir que no, que en realidad somos el fin de una historia y que la historia que está comenzando va más o menos sin nosotros».

 

Ella ha hecho su parte por este oficio cada vez más denostado. Alma Guillermoprieto ha sido elegida como Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por saber mezclar la buena prosa con la investigación periodística, pero, sobre todo, porque es una maestra de lo que debe ser un artículo periodístico: observación, investigación, rigor y tiempo. Hace mucho, muchísimo que lo medios se olvidaron de que los periodistas no se han formados para ser comunicadores y, menos aún, para escribir 240 caracteres. Guillermoprieto se ha convertido en la tercera mujer en ganar este premio y la primera latinoamericana en hacerlo. El listón para los jóvenes periodistas ha quedado alto, ahora es su (nuestra) función acercarnos a ella.

Fuente de la foto: Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Contacto: vivian.murcia@ibe.tv

 

 

3 de mayo de 2018


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