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María Fernanda Ampuero

ESCRITORES LATINOAMERICANOS

María Fernanda Ampuero: «En algún momento todos nos quebramos y la vida se nos jode»

El libro de cuentos 'Pelea de gallos' es un conjunto de relatos crudos cuya premisa es: «Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos»

Vivian Murcia G.

@vivimur83 / @elportalvoz

Cuando era pequeña María Fernanda Ampuero (Guayaquil, Ecuador, 1976) escuchó una frase que le transformó la forma de ver el mundo: «Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos», se la dijo Narcisa, una joven pobre que, tratando de huir de su casa donde a sus hermanas se las conocía como «las violadas», llegó a la casa de Ampuero para convertirse en el 'servicio doméstico'. Narcisa se salvó de la violación, pero se convirtió en la 'esclava' de la clase media de Ecuador que es otra manera de violar la integridad de una persona.

 

La frase de Narcisa es el hilo conductor del libro de cuentos de Ampuero: Pelea de gallos (Páginas de Espuma). El terror está presente en cada relato, seres abusadores, pedófilos, violadores, seres humanos que, efectivamente, son más peligrosos que cualquier aparición de ultratumba.

 

Ampuero es directa y punzante, no le interesan los encajes a la hora de escribir. Son ficciones basadas en una realidad que ella dice conocer: la violencia y la grosería de su país en el que la clase alta se sirve de la baja en una especie de neoesclavismo.

 

«En el libro uso la exageración. Las situaciones de abuso que cuento son las más violentas, pero eso me sirve como excusa para hablar de los pequeños abusos, esos a los que estamos sometidos todos los seres humanos: los silencios entre los padres, la falta de amor, las relaciones tensas. Hablo de las situaciones que quiebran a los seres humanos», asegura Ampuero a El PortalVoz.

 

El primer círculo de abuso es la familia. Ampuero asegura que es en este ambiente donde los niños «se rompen» y se convierten en adultos llenos de carencias. «En la familia cumples una condena que no te has buscado. Es un azar, pero es lo que nos nutre como seres humanos y para el resto de nuestras vidas. No creo que se superen las malas relaciones familiares que tuviste en la niñez, siempre, de un modo u otro, repetirás los patrones que viviste en la infancia. Mi caso fue terrible, como el de todos, nadie se libra de los tormentos familiares. Yo tuve una abuela violenta a la que no quería, pero la familia siempre está jugando con esa imposición de tener que querer a quienes comparten sangre», comenta Ampuero.

 

Pero no fue por la abuela que María Fernanda le cogió más miedo a los vivos que a los muertos. Fue por sus padres. «Yo creo que me rompí cuando me di cuenta de que no era tan importante para mis padres. Fui el producto del mandato social de que todo matrimonio debe tener hijos, pero, en realidad, no creo que para ellos mis sueños, mis deseos como persona fueran realmente importantes», dice Ampuero.

 

 

Sin embargo, Ampuero no cae en el narcisismo de presentarse como la única que tiene un dolor que le ha quebrado la vida: «en algún momento todos nos quebramos y la vida se nos jode», asegura.

 

Por eso, sus cuentos no contribuyen a la idiotización, no se trata de historias de amor funcionales o de personas correctas, tampoco se trata de dramatizaciones espeluznantes, son realidades. «Siempre he seguido el mandato de escribir sobre lo que conoces, pues bien, yo conozco la violencia, el clasismo, el racismo y todos los ismos terribles en los que vivimos», dice Ampuero.

 

Uno de esos ismos que más la perturba es el clasismo, quizás, el más latinoamericano de todos los males. «El día en que en Ecuador nos demos cuenta de que estamos al servicio, como esclavos, de una clase dirigente minoritaria va a ser el apocalipsis. El clasismo es la violencia implícita que más ha contaminado a nuestra sociedad», comenta Ampuero.

 

Esas reflexiones sobre la desigualdad social de Ecuador las ha podido hacer desde una perspectiva de inmigrante latinoamericana en España. «Fui criada con la certeza de que si iba a la universidad iba a tener un trabajo decente y una vida cómoda. Estudié literatura y la vida parecía ir por el camino imaginado. Cuando decido dejarlo todo y venir a España tuve que empezar de cero y, yo creo, que, incluso, empecé desde menos mil porque no tenía papeles. Sin papeles en un país que no es el tuyo no eres nada. Toda las certezas que tenía se me rompieron. Sufrí, fui víctima de acoso sexual por parte del entonces embajador de Ecuador en España, tuve que quedarme callada, no podía hablar o me deportaba. Todo eso te cambia la cabeza», asegura Ampuero.

 

La experiencia la cambió. Dejó las ínfulas de una joven acomodada de Ecuador y supo que esa máxima del periodismo de ponerse en la piel del otro sólo se alcanzaba con la propia experiencia: «Cuando estás realmente jodido es cuando entiendes al otro».

 

Para Ampuero todos estamos jodidos de alguna manera. «Si escarbamos mucho encontraremos eso que nos ha dañado», dice. Tal vez por eso, sus cuentos se leen como un bálsamo y no es uno que alivia porque nos haga pensar en tonterías de amores felices y seres orgullosos de sí mismos, nos tranquiliza porque esos cuentos nos dicen que hay otros -millones- como nosotros: seres que apenas resistimos la vida, seres que estamos jodidos pero que, ante la impotencia, apretamos la boca y seguimos, callamos, resistimos hasta que llegue el punto final de esta historia.

Contacto: vivian.murcia@ibe.tv

 

 

16 de abril de 2018


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