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Sergio Pitol

LITERATURA LATINOAMERICANA

Sergio Pitol, el mordaz y cosmopolita

Ha muerto el escritor mexicano que padecía una enfermedad neurodegenerativa

Vivian Murcia G.

@vivimur83 / @elportalvoz

«Nadie lee de la misma manera. Me abochorna enunciar semejante trivialidad, pero no desisto: la diversa formación cultural, la especialización, las tradiciones, las modas académicas, el temperamento personal, sobre todo, pueden decidir que un libro produzca impresiones distintas en lectores diferentes», comentaba Sergio Pitol en una entrevista en la que recalcaba esa idea literaria de que cada lectura es circunstancial.

 

También son circunstanciales los obituarios. Dependiendo de qué tanto se haya leído y querido -las dos cosas no siempre son recíprocas- a un escritor determinado, se hablará de él después de su muerte.

 

Sergio Pitol murió el 12 de abril de 2018 en su natal México. Era un autor de culto, uno de esos padres de los escritores más jóvenes latinoamericanos.

 

La circunstancia que envuelve su obituario no puede ser otra que la de echar de menos, sobre todo, a un ser humano capaz de ver el desencanto de la vida a través del uso del humor y la ironía.

 

El arte de la fuga, publicado en su primera edición en 1996 por las editoriales ERA y Anagrama, es uno de sus libros cumbre. Está escrito a partir de una intersección rememorativa que sirve como ejercicio de reflexión sobre el arte de la escritura: un 'yo' narrador convertido en autor, crítico y lector.

 

El arte de la fuga, que es homónimo de una de las grandes obras monotemáticas de Bach, presenta a un personaje central que se fuga de una celda para encontrarse prisionero en otra que podría ser el paraíso, una clara representación de la ironía. El desencanto se impone en la medida en que el escritor hace reflexiones propias de un pensador suspendido entre una especie de anhelo y de realidad indolente.

 

Carlos Monsiváis señalaba sobre El arte de la fuga que «alía densidad cultural y vigor autobiográfico (…) que se integran en un paisaje clásico, desolado, irónico, paródico, animadísimo. (...) establece vínculos entre los mundos del desasosiego y las heridas cauterizadas, y los de la revisión gozosa de libros, urbanidades y obras pictóricas».

 

Escribe Pitol: «Revisar el pasado significa, entre otras tristezas, contemplar un mundo que es y al mismo tiempo ha dejado de ser el mismo». Sin embargo, hay encanto en esa revisión del pasado: «La memoria trabaja con la misma lógica oblicua y rebelde de los sueños. Hurga en los pozos ocultos y de ellos extrae visiones que, a diferencia de las de los sueños, son casi siempre placenteras». 

 

Pitol era un hombre cosmopolita y, tal vez, por eso empático. Como un Henry James mexicano que «no soporta a sus compatriotas pero los añora cuando está lejos». Su frase «cada uno de nosotros es todos los hombres», esto es que todos pasamos por experiencias distintas que nos podrían hacer comprender las situaciones de los otros, lo confirma.

 

Este obituario resalta a un escritor que fue humano, poca gente llega a serlo.

 

 

Su vida

Sergio Pitol Demeneghi nació en Puebla, México, el 18 de marzo de 1933. Estudió Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México. A partir de 1960 vivió en varios países europeos y fue embajador de México en Checoslovaquia. Posteriormente, trabajó como editor y colaboró en numerosos suplementos culturales de México y el extranjero.

 

Entre sus libros destacan: la Trilogía del carnaval, formada por El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991); El arte de la fuga (1996), El mago de Viena (2005) y Una autobiografía soterrada (2010).

 

Pitol fue ganador del Premio Miguel de Cervantes en 2005 y del Premio Juan Rulfo, entre otros.

 

En 2009 fue diagnosticado con afasia progresiva, una enfermedad neurodegenerativa que limitó su movilidad y su habla, lo alejó de la vida pública y lo recluyó en su casa de Veracruz, en el este de México.

 

Sus frases

«Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos triunfos, bastante fastidio. Uno es una suma mermada por infinitas restas. Uno está conformado por tiempo, adicciones y credos diferentes».

 

«Intuimos que el hombre está habitado por varias voluntades distintas, que cada persona es varias personas».

 

«De la única influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo».

 

«Estoy convencido de que ni siquiera la inexistencia de lectores podrá desterrar la poesía».

 

«Inspiración, un término despreciado por todos los pedantes del mundo, y también por sus primos, los cursis».

 

«Uno dice: 'No sé, no me he dado cuenta de cómo ha pasado el tiempo'. Y la verdad es que cuesta dar crédito a esa evidencia. Recuerde usted la experiencia del espejo a la hora de afeitarse: el rostro senil que se resiste a reconocer, los esfuerzos por revivir ciertos gestos con que treinta o cuarenta años atrás imaginaba fascinar al mundo. ¡Qué infinita fe de carbonaro para suponer que esas muecas que devuelve el espejo tengan alguna relación con las fotos de juventud! Hay un genuino resentimiento ante la injusticia cósmica por no haber una señal explícita de la aproximación del desastre. O tal vez la hubo y no logramos detectarla. Parecería que la metamorfosis de lo lozano a lo marchito nos hubiese ocurrido en estado de coma. En fin, la cosa es que uno se ha hecho viejo».

 

Foto: Entrevista en YouTube.

Contacto vivian.murcia@ibe.tv

 

 

13 de abril de 2018


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