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Jorge Volpi

LITERATURA LATINOAMERICANA

Jorge Volpi: «La justicia convertida en espectáculo es algo común»

Con 'Una novela criminal' el mexicano recibió el Premio Alfaguara de Novela. Una investigación periodística sobre un juicio que «espera tenga algún efecto en la realidad»

Vivian Murcia G. / El PortalVoz

@vivimur83 / @elportalvoz

Una novela sin ficción en la que intenta darle forma a la realidad. Una realidad a la que Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) define como «muy mexicana y muy latinoamericana». El título es Una novela criminal elegida como la ganadora de la XXI edición del Premio Alfaguara de Novela.

 

La novela es el producto de una investigación de tres años en los que Volpi leyó los más de 20 mil folios que componen el caso 'Cassez-Vallarta' uno de los procesos criminales más enrevesados de la historia de México que aún causa polémica. En un breve resumen de las 403 páginas de la novela -aunque resulta un poco burdo tratar hacerlo-, se puede decir que es el caso del juicio a la pareja conformada por el mexicano Israel Vallarta y la francesa Florence Cassez, acusados de secuestro en 2005.

 

El montaje que la policía mexicana hizo, en connivencia con algunos medios de comunicación, en el momento en que se capturó a los supuestos secuestradores y se liberaron a tres de sus víctimas, fue revelado por el programa de investigación periodística 'Punto de Partida'. La puesta en cuestión de las acusaciones, los testimonios contradictorios, tanto de los acusados como de las víctimas, abrieron, cuanto menos, un interrogante sobre la transparencia de la justicia mexicana. Volpi asegura que el caso es «un ejemplo de cómo la justicia funciona para los poderosos pero no para los pobres», además, de señalar cómo «los medios de comunicación se han prestado para alimentar el 'circo' en el que el público y los periodistas juzgan a supuestos delincuentes a quienes se les viola la presunción de inocencia».  

 

Según el escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya, en entrevista a El PortalVoz, la violencia en Centroamérica ha sido saldada con procesos de paz exitosos y lo que ha quedado son bandas delincuentes. Pero en México las estructuras públicas parecen muy denostadas. ¿Qué ha fallado?

Lo que hoy es México tiene antecedentes en los años setenta, ochenta y noventa. La violencia estalló de una manera imprevista y terrible a partir de 2006 cuando el (entonces) presidente Felipe Calderón lanzó la guerra contra el narcotráfico. La decisión no calculada de enfrentar directamente a las bandas criminales con el ejército y la policía desestabilizó un sistema ya precario y provocó la atomización de las bandas. Las capturas de los 'capos' produjeron que éstas se dividieran y se hicieran más violentas. Eso nos tiene en esta situación que ha dejado 150 mil muertos y miles de desaparecidos.   

 

¿Esa es la raíz del estallido fallido con el que se muestra a México a través de los medios de comunicación internacionales?

México no es un estado fallido en su conjunto. Es un Estado con una enorme cantidad de carencias. En ciertas partes del país, sin duda, el Estado ha desaparecido. Todo lo que toca el narcotráfico se contamina y es tal la cantidad de dinero que se maneja que es muy difícil que cualquier organización de seguridad no termine corrompida.

 

La guerra contra el narcotráfico estuvo mal planteada, pero el problema es mayor que eso: es una absurda y equivocada política de drogas en todo el mundo.

 

 

En Colombia con el Plan Colombia, financiado por Estados Unidos, se libró una batalla contra el narcotráfico. Que, a veces, se percibe como fructífera. ¿Hasta qué punto vería favorable una intervención de Estados Unidos o de cualquier potencia mundial en la lucha contra el narcotráfico en México?

México ya ha hecho algo parecido a lo de Colombia, pero esto no sirve de nada. En cualquier rincón de los países consumidores se pueden encontrar las mismas drogas, los mismos precios y, a veces, hasta más baratas. ¿Qué sentido tiene que estemos en países como Colombia o México combatiendo el narcotráfico, muriendo miles de personas cuando, a fin de cuentas, las drogas están en todas partes?.

 

¿Está a favor de la legalización?

Es la única solución que yo veo. Creo que, en el futuro, vamos a ver con ojos completamente distintos la despenalización y nos preguntaremos ¿cómo era posible que nosotros tuviéramos esta absurda política de drogas? Será lo mismo que ha pasado con la legalización del alcohol, por ejemplo.

«Ya me imaginaba cómo no funcionaba el sistema de justicia mexicano, pero, ahora, gracias a la literatura, lo he comprobado»

En algunos aparates de la novela usted señala «esto no es Francia» lo que marca que hay países con justicia de primera y otros de segunda. ¿Hasta dónde es bueno que sigamos hurgando en la herida de nuestras carencias?

Hay países que tenemos justicia hasta de tercera y de cuarta. Es necesario ver que la construcción de un sistema de justicia eficaz y confiable es una prioridad. No podemos dejar a tantos ciudadanos desamparados.

 

¿Ha habido algún avance en México en materia de justicia tras este caso?

Ha habido un mínimo avance a partir de 2008, es decir, tres años después de que empezara el caso. Hubo una reforma constitucional que cambió el antiguo sistema inquisitivo escrito a un sistema acusatorio oral, pero ha sido lentísima su implementación. Eso implica que las manipulaciones de los hechos, llevadas a cabo por la Policía, que ocurrieron en el caso Cassez no hubiesen ocurrido hoy con un sistema oral que es mucho más abierto y transparente.

 

Usted ha escogido un caso plagado de sombras. Además de la importancia del caso dado el problema diplomático que generó, ya que Sarkozy pidió la libertad para Florence Cassez enfrentándose al Gobierno mexicano, ¿cómo fue ese problema diplomático?

Independientemente de que uno pueda juzgar con enorme severidad a la política de Calderón, la actitud de Sarkozy también reflejó todos los prejuicios coloniales y europeocéntricos.  El expresidente francés ni siquiera defendió a Florence Cassez porque creyera que era inocente, la defendió por ser francesa, incluso así se lo dice a ella en algún momento. Esta es una clara característica de un comportamiento colonial.

 

¿Qué implicaciones ha tenido este caso en México?

Ha tenido muchísimas. Ha sido un caso muy polémico. La gente sigue creyendo que Israel y Florence son culpables, lo que reveló la colusión entre los medios de comunicación con el sistema de Justicia y entre el poder político y la justicia.

«La guerra contra los 'capos' produjo que los criminales se dividieran y se hicieran más violentos. Eso nos tiene en una situación que ha dejado 150 mil muertos y miles de desaparecidos»

¿Qué es la AFI y por qué funciona tan mal?

La AFI ya no existe, era la Agencia Federal de Investigaciones. Ese es el nombre que tuvo durante algunos años y que, ahora, se llama Policía Federal. En este caso, lo que hizo la AFI fue detener un día a la pareja formada por Cassez y Vallarte y, muy probablemente, torturarlos. Al día siguiente, en colusión con los medios de comunicación, se presentó su captura que fue recreada sólo para que la televisión pudiera transmitirla.

 

Pero hay un programa con una periodista colombiana que revela que los hechos estaban obrando de jueces paralelos. ¿Qué pasó en ese programa?

Exacto, algunos medios pusieron en cuestión el montaje. En efecto, hubo una actuación muy valerosa de una periodista colombiana, Yuli García, que yo creo que el hecho de que fuera colombiana fue muy importante porque tenía una distancia mayor frente al poder mexicano. García era parte del equipo de Denise Maerker, la importante periodista mexicana, quienes revelaron el montaje y en una entrevista, en vivo, el Jefe de la Policía aceptó que había sido un montaje aunque dijo una mentira adicional: que había sido una recreación hecha a petición de los medios.

 

Háblenos un poco de la culpa que han tenido los medios de comunicación mexicanos a la hora de relatar la violencia y de señalar culpables e inocentes. 

No sólo pasa en México, la justicia convertida en espectáculo es algo global y común. Eso que ahora llamamos noticias falsas, este caso lo anticipó 12 años. El gran pecado de los medios es que no están contrastando los hechos con lo dicho por los políticos, no profundizan en las historias y se dejan llevar sólo por lo que dicta el poder. Esto tiene que ver mucho con que los dueños de los medios son los mismos políticos y millonarios que amenazan con la quiebra y el despido si un periodista sale de la línea deseada.

 

Hay una parte del libro que es bastante diciente del fenómeno. «En escena, el espectáculo público, heredero de las ejecuciones de antaño», parece que, además, hay una doble justicia: la oficial, que con abogados de oficio casi siempre los defendidos son declarados culpables; y la extraoficial: la gente, el pueblo dictando sentencia antes de que se juzgue al culpable. ¿Cómo los medios de comunicación hemos hecho daño a la debida presunción de inocencia?  

Hay una sensación de inseguridad ya creída. Los medios y muchos activistas usan al público para sentirse aún más en peligro y, por lo tanto, para endurecer todo tipo de medidas que, en realidad, violan los derechos humanos.

«Eso que ahora llamamos noticias falsas, este caso lo anticipó 12 años. Así, se demuestra que la colusión de los medios y el poder corrupto no es un asunto nuevo»

¿Está diciendo que en México hay un discurso del miedo?

Claro, hay un discurso del miedo que empezó, en esos años, con el secuestro y que ha continuado, desde entonces, con los homicidios y las desapariciones propias de la guerra del narco.

 

¿Qué va a pasar en julio que hay elecciones en México?

El tema central de la campaña está siendo la corrupción que toca sólo una parte del problema. Hay que eliminar y reordenar más cosas, desde luego, pero, por lo menos, esa parte sí es el centro de las campañas.

«Los medios y muchos activistas usan al público para sentirse aún más en peligro y, por lo tanto, para endurecer todo tipo de medidas que violan los derechos humanos»

Usted quería hacer un doctorado en Filosofía del Derecho y terminó en la Literatura. Y, ahora, tiene que lidiar con una novela criminal. ¿Cómo siente eso de pasar de querer estudiar la rama más justa del Derecho a pasar a hacer literatura sobre cómo el Derecho o no funciona o no lo respetan?

Ha sido una curiosa vuelta. Lo que más me gustaba del Derecho era la Filosofía pero me di cuenta que ni eso quería ya estudiar y me dediqué a las letras. Esta novela ha sido, curiosamente, mi vuelta a ese mundo del derecho que yo no quería estudiar, pero que sí me sirvió para la escritura de este libro. Ya me imaginaba cómo no funcionaba el sistema de justicia mexicano, pero, ahora, gracias a la literatura, lo he comprobado.

 

¿A través de la ficción hace justicia?

No sé si la hago, lo que sí es que, a diferencia de cualquier otro libro mío, cuyo objetivo máximo es cambiar la vida o la visión del mundo del lector, si acaso, aquí sí se trata de un libro que puede tener un efecto en la realidad. También esta novela, independientemente de contar la historia, puede centrarse en la tradición que estaba ya en la novela del siglo XIX de ser una denuncia. En ese sentido, espero que sí pueda tener algún efecto en la realidad.

Foto: Cedida por la editorial.

Contacto: vivian.murcia@ibe.tv

 

 

15 de marzo de 2018


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