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Cóndores no entierran todos los días

PATRIMONIO FÍLMICO IBEROAMERICANO

«Quería mostrar que tenemos una propensión natural a abrazar el credo de la violencia»

Entrevista con Francisco Norden quien hizo una de las películas imprescindibles de Latinoamérica: 'Cóndores no entierran todos los días'

Pedro Adrián Zuluaga

@pedroazuluaga

La edición 58 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), que terminó el pasado 5 de marzo, presentó en su sección 'Galas' una versión restaurada de Cóndores no entierran todos los días (Francisco Norden, 1984). Esta restauración, posible gracias al trabajo conjunto de Proimágenes Colombia y las investigadoras y archivistas Juana Suárez y Pamela Vízner, reactiva el interés por un clásico indiscutible del cine latinoamericano. Con ocasión de este evento, se publica la siguiente entrevista -inédita- con Norden, realizada hace cinco años para un libro con el guion de la película, que nunca llegó a realizarse. Ese destino explica el acento puesto en los elementos narrativos y la transposición/adaptación de la novela de Álvarez Gardeazábal.

 

En la historia del cine colombiano se habrá de reservar para Francisco Norden un lugar entre los pioneros. En 1957 y 1958, Norden escribió sobre cine para Intermedio y El Tiempo y fue uno de los impulsores de una crítica que asumía una perspectiva moderna frente a las películas. También estuvo vinculado al teatro que, por entonces, empezaba a ser una fuerza cultural renovadora en el país.

 

En los sesenta, como uno de los primeros directores nacionales con formación académica (adquirida en la parisina IDHEC), le dio estatura técnica y narrativa al cine colombiano de la época. Pero en un tiempo de combate ideológico como aquel, el rigor de Norden, empleado en el documental turístico o institucional, fue tratado muy despectivamente por algún sector de sus contemporáneos, que no sin ironía lo pusieron a encabezar la generación de «los maestros».

 

En los setenta su documental Camilo, el Cura Guerrillero (1973) fue saludado por el crítico Hernando Valencia Goelkel como «la primera obra importante que produce el cine nacional»,  y en los ochenta se instaló en el canon de esta tradición con Cóndores no entierran todos los días, una película precisa en sus intenciones y clara en su exposición. En últimas, un clásico.

 

La adaptación de la celebrada novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, publicada en 1972, dividió en un antes y un después la representación cinematográfica del conflicto bipartidista o para ser más exactos, de ese intervalo de horror que asépticamente se ha llamado La Violencia. La película es de 1984 y ha sobrevivido relativamente intacta casi tres décadas, a pesar de que muchos le reprochen su academicismo o la aproximación muy cerebral y distanciada a un tema orgánicamente vinculado a la historia del país.

 


Pedro Adrián ZuluagaTeniendo en cuenta que Cóndores no entierran todos los días es una adaptación de una obra literaria muy valorada en la época, ¿usted fue un lector entusiasta de la novela de Álvarez Gardeazábal o por qué la escogió?

Francisco Norden: Bueno, yo había leído o por lo menos pretendía haber leído toda la literatura sobre La Violencia que existía en esa época. Para mí La Violencia fue lo más importante que ocurrió en la historia del siglo veinte en Colombia. Y yo quería enfocar el gran tema.


Este ciclo de novelas sobre la violencia fue muy prolífico.

Francisco Norden: Sí, se escribieron muchas. Incluso había novelas godas (conservadoras) que tenían la versión contraria de La Violencia, es decir, que le achacaban la mayor responsabilidad a los liberales.

 

¿En algún momento le interesó otra novela sobre este periodo?

Francisco Norden: No, yo estuve como dos años leyendo esta literatura, y en general me parecía muy floja.

 

La novela de Álvarez Gardeazábal toma una posición muy clara frente a los actores de la violencia.

Francisco Norden: Sí, pero, sobre todo, tenía un material dramático muy interesante que se identificaba con lo que yo estaba buscando. Es decir, fue una novela que me dio una serie de imágenes cinematográficas.

En los setenta su documental Camilo, el Cura Guerrillero (1973) fue saludado por la crítica como «la primera obra importante que produce el cine nacional»,  y en los ochenta se instaló en el canon de esta tradición con Cóndores no entierran todos los días. En últimas, un clásico 

Usted había hecho Camilo, el Cura Guerrillero en 1973, con muchos comentarios entusiastas como los de Valencia Goelkel, y otros severamente críticos, sobre todo por el uso de los testimonios, o por privilegiar algunos testimonios por encima de otros. ¿Una novela le permitía liberarse de ese peso testimonial?

Francisco Norden: No, realmente el documental es de una completa imparcialidad porque los testimonios son por igual de la gente que estaba a favor de Camilo como de la que estaba en contra, que era básicamente la Curia. El problema con Camilo es que la gente de derecha dijo que yo era comunista y la gente de izquierda que era una película que solamente le daba la voz a la burguesía. Incluso una enciclopedia francesa le hizo eco a este último reproche y entonces yo mandé una carta que fue publicada en 'Voz Proletaria', explicando que ahí estaba Diego Montaña Cuellar, por ejemplo, y dirigentes del Partido Comunista como su secretario general Gilberto Vieira.

 

Transposiciones y desplazamientos

Cóndores no entierran todos los días, la novela, ocurre en Tuluá, una zona muy específica de La Violencia en Colombia, y el primer cambio que hace la película respecto al libro es trasladar la acción a un pueblo de Cundinamarca. ¿Esto se hizo por qué razones?

Francisco Norden: Sobre todo por razones de producción y por afinidad cultural. Yo no dominó el ambiente del Valle del Cauca, la fisonomía de sus gentes, la forma como se visten, el paisaje rural y el paisaje urbano; es una serie de elementos plásticos que no hacen parte de mi patrimonio visual. El hecho de trasponer esa novela a la sabana de Bogotá me permitía una mayor seguridad y, sobre todo, mucho tiempo para localizar exteriores. De haber filmado esa novela en el Valle yo hubiera tenido que ir allá dos o tres meses a buscar estas locaciones.

 

Pero nunca hay en la película una indicación espacial precisa.

Francisco Norden: No, yo no pretendía contar la historia de Álvarez Gardeazábal sino explicar el mecanismo de la violencia que puede ocurrir lo mismo en el Perú o en Ecuador. Era un poco mi intención original.

 

La novela tiene mucha complejidad narrativa, con una serie de tiempos que se cruzan. Y no hay diálogos. Me gustaría saber cuáles fueron esas imágenes que le llamaron la atención.

Francisco Norden: La imagen que más me impactó a mí fue la del jinete en llamas; esa imagen me hizo adoptar inmediatamente el libro. Funcionaba además como una revelación para el personaje.

 

Hay una complejidad adicional en la novela y es el tiempo en el que transcurre la narración: tal vez siete u ocho años. ¿Cómo resumir un tiempo tan largo y sobre algo que implica tantas sensibilidades como es la historia de la violencia bipartidista? ¿Cómo se hizo la selección de acciones de la novela para contar esa historia, pues a pesar de que usted diga que los mecanismos de la violencia son universales también hay aspectos muy localizados?

Francisco Norden: Claro, pero la parte sustantiva de la novela es sobre el mecanismo de la violencia, cómo un tipo buena persona puede ser llevado por circunstancias políticas a convertirse en un sangriento asesino; eso también pasa en las religiones.

 


La película es lineal, la novela no. La novela tiene una estructura narrativa más sinuosa: empieza justo el día antes del entierro de León María y da muchas idas y vueltas temporales. En la película el espectador va con el desarrollo de los acontecimientos. ¿Eso lo hicieron para que fuera más clara la transformación del personaje?

Francisco Norden: Sí, me pareció más pertinente. El universo de Álvarez Gardeazábal, con esos juegos temporales, es más puramente literario. Yo estaba obligado a contar una historia.

 

Las huellas de los cóndores

¿Cuántas versiones del guion hubo?

Francisco Norden: Hubo una sola que progresó.

 

Leyendo el guion identifico muy sutiles diferencias, como frases que pasan de un personaje a otro.

Francisco Norden: Bueno, eso ocurre porque los personajes tienen que tener un bómper, un margen de acción. Pero en realidad es un guion de hierro que me daba mucha seguridad. Finalmente era mi película más ambiciosa y mi primera experiencia en el largometraje de ficción, entonces tenía que estar sujeto a un guión.

 

Para la financiación de las películas de Focine en ese momento ¿se presentaba un guion o un esquema de producción?

Francisco Norden: Era un guion.

 

¿Y quién lo evaluaba?

Francisco Norden: Nadie, eso era la manigua en esa época.

«La imagen que más me impactó a mí fue la del jinete en llamas; esa imagen me hizo adoptar inmediatamente el libro. Funcionaba además como una revelación para el personaje» 

¿Había autocensura o la idea aunque fuera fantasmal de que los guiones pudieran ser rechazados por su contenido?

Francisco Norden: Jamás pensé en eso. Nunca hubo interferencias ni morales ni políticas. Recuerdo que hubo una presentación de la película en el Palacio presidencial y Belisario Betancur estaba un poquito descompuesto, pero él tiene muchos recursos retóricos y lo supo manejar.

 

Pero era una época de procesos de paz y el tema de la memoria histórica era muy delicado. Y el cine colombiano de esa época fue en muchos casos un cine que activó esas memorias.

Francisco Norden: El cine colombiano de esa época era un cine que hacía panfletos políticos, sobre todo en los documentales. Todos decían exactamente lo mismo y se vendía muy bien en Suecia, o iban al Festival de Oberhausen. Esa modalidad tenía mucho éxito pero afortunadamente ya pasó.

 

Cóndores luce muy equilibrada en términos históricos, no es partidista ni panfletaria.

Francisco Norden: Me esmeré mucho en que no lo fuera. No quería hacer una película para condenar la violencia goda y poniendo a los liberales como víctimas. Ese jamás fue mi interés. Pude eludir ese enfoque porque le tengo cierta repugnancia al compromiso ideológico. Soy muy escéptico. Y nunca hice nada para vendérselo a la televisión sueca.

 


Asimismo la película es bastante pudorosa en términos visuales, mucha parte de la violencia es más bien relatada que mostrada, es la reacción a la violencia -su huella- más que la violencia misma.

Francisco Norden: Bueno es que de lo contrario habría tenido que mostrar chorros de sangre y yo no quería caer en eso. Me parecía muy facilista, y estaba seguro que eso podía debilitar la película.

 

Dos películas sobre algunos aspectos de la violencia, El río de las tumbas de Julio Luzardo y Pisingaña de Leopoldo Pinzón, muestran el lado más fuerte de esta violencia a través de flashbacks e insertos, insinúan la violación de las mujeres, el fuego que arrasa las casas, entre otros hechos.

Francisco Norden: Esas cosas hay que hacerlas con grandes medios técnicos y dominando mucho el arte del cine. De lo contrario queda como un cine subdesarrollado. Por eso yo no lo hice, eso se lo dejo a Tarantino.

 

Otra película sobre la violencia bipartidista, En la tormenta de Fernando Vallejo, en cambio es mucho más gráfica y además señala a los bandoleros liberales como los agentes de la violencia.

Francisco Norden: En la violencia participaron todos, y creo que además esa violencia sigue latente en Colombia. Es una cosa de acción y reacción como siempre han sido las guerras de religión, como fueron las guerras en Francia en el siglo XVI, por ejemplo.

 

¿Y por eso es que lo de León María Lozano (personaje central de la película) está planteado como una conversión en términos religiosos?

Francisco Norden: Sí, quería mostrar que tenemos una propensión natural a abrazar el credo de la violencia.

 

De hecho el leit-motiv del personaje es la frase: «Es cuestión de principios»

Francisco Norden: Claro, él no se enriquece con la violencia, sigue siendo un hombre honrado.

 

Pero se vuelve un monstruo y ejerce una violencia con unos niveles de gratuidad que superan el «cumplimiento del deber».

Francisco Norden: Pero por ejemplo él se aterra en algún momento de que sus hombres hayan matado a mujeres y niños. Él solo quería matar liberales.

«La parte sustantiva de la novela es sobre el mecanismo de la violencia, cómo un tipo buena persona puede ser llevado por circunstancias políticas a convertirse en un sangriento asesino; eso también pasa en las religiones» 

Hay un momento que impresiona mucho en la película y es cuando matan a los perros. Ahí uno siente que a León María su propio comportamiento y el de los suyos se le está escapando de las manos. Y eso también está en el libro.

Francisco Norden: Sí, es que el libro me ayudó muchísimo, fue como la voz del cielo. Me dio muchísimos elementos dramáticos.

 

Hablemos un poco de la recepción de la película, que fue quizá la primera aproximación a la violencia bipartidista por parte del cine que tuvo amplia aceptación.

Francisco Norden: Cóndores fue un rotundo éxito en el estrato cinco y seis (los sectores más ricos de Colombia). Yo habría preferido que la película tuviera un gran éxito en los estratos dos y tres, porque eso me hubiera permitido pagar la deuda de Focine. Los estratos cinco y seis me dieron 250 mil espectadores, que era una cifra buena pero que no me permitió pagar la película, y por eso tuve unos tremendos problemas económicos para pagarle a Focine. Invertí todos mis ahorros y eso fue un desastre económico.

 

¿En qué sección de Cannes estuvo la película?

Francisco Norden: En 'Una cierta mirada'. Fue la primera película colombiana que estuvo en una selección oficial de ese festival.

 

¿Qué reacciones recogió?

Francisco Norden: Mucha prensa aunque no diría que muy elogiosa. Yo tuve la impresión de que la película desconcertó un poquito, que no la entendían bien. Era muy difícil presentarle a un público francés una problemática latinoamericana. No entendían nada, y siguen sin entender nada.

 

¿Quisiera preguntarle con qué atención sigue el cine colombiano actual?

Francisco Norden: Vi una película que me impactó mucho: La Sirga. Sobre todo porque es un cine moderno, es el cine que se está haciendo en Europa.

«Nunca hubo interferencias ni morales ni políticas. Recuerdo que hubo una presentación de la película en el Palacio presidencial y Belisario Betancur estaba un poquito descompuesto» 

El cine colombiano ha llegado a una suerte de especialización en los oficios. Por ejemplo hay guionistas profesionales. Mientras tanto usted en Cóndores cumplió un triple rol: guionista, director y productor. Eso es casi impensable con los desafíos actuales.

Francisco Norden: Era muy complicado hacer una película en esa época, aunque yo siempre tuve un muy buen personal. El director de fotografía de Cóndores (Carlos Suárez), por ejemplo, fue decisivo para la calidad de la película, porque él galvanizó todo el equipo de rodaje.

 

Y tuvo un equipo de actores muy profesionales.

Francisco Norden: Sí, extraordinario, hubo una gran mística en el rodaje.

 

Pedro Adrián Zuluaga es profesor y crítico de cine. Es el actual Jefe de Programación del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI). Comparte algunos textos con El PortalVoz. Esta entrevista tiene una versión larga en su fuente: pajareradelmedio.blogspot.com.es

Contacto de El PortalVoz: elportalvoz@ibe.tv

 

 

12 de marzo de 2018


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