ibe.tv > EL PORTA(L)VOZ


Miguel Ángel Villena

AYUDA AL DESARROLLO

Villena: «España ha perdido peso internacional por los recortes en cooperación»

Miguel Ángel Villena analiza los treinta años en los que España ha pasado de ser un país receptor de ayuda humanitaria a donante

Vivian Murcia G. / El PortalVoz

@vivimur83 / @elportalvoz

«No somos una ONG» es una frase que puede saltar en una conversación en España. La crisis económica que, sobre todo, viene arrasando con puestos de trabajo, ha dejado a la sociedad desprovista de mecanismos de respuesta a fenómenos como la inmigración. Sin embargo, la sociedad española no ha sido testigo, hasta ahora, del resurgimiento de movimientos de extrema derecha en su escena política, como ha pasado en Estados Unidos, Grecia o Hungría, entre otros, en donde se señala a la inmigración como el principal problema. Sin embargo, el tejido solidario español sí se ha visto resquebrajado con la crisis. Con el objetivo de resaltar y rescatar la labor de España como país solidario, el periodista e historiador, Miguel Ángel Villena ha publicado el libro España solidaria. Historia de la cooperación española al desarrollo (Planeta). Se trata de una revisión y un análisis de los treinta años en los que el país ha pasado de ser un receptor de ayuda humanitaria a uno de los principales donantes. No todo es positivo, comenta Villena, los recortes presupuestales de los últimos años han provocado que la cooperación española haya disminuido estrepitosamente, un problema de conciencia política, según el autor.

 

Pareciera que hay afán por resaltar que España es solidaria, ¿por qué esa necesidad?

Porque, a veces, funciona un cierto tópico de que la sociedad española es poco solidaria, sobre todo, con los países en desarrollo. A mediados de los años ochenta, España pasó de ser un país receptor de ayuda a ser donante. En estos treinta años de cooperación al desarrollo y, a pesar de la crisis de los últimos años, la sociedad española ha sido muy participativa. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) españolas han sido entidades con una valoración muy alta y, en los sondeos de opinión, se vislumbra un porcentaje alto de gente que le parece muy bien que en los presupuestos públicos se destine una parte a la cooperación y al desarrollo. 

 

Ese nivel de solidaridad social se ha visto afectado por la crisis económica.

Es cierto. Algunas personas piensan ¿por qué voy a ayudar a crear unas escuelas en Guatemala cuando en Andalucía o en Aragón hay problemas? Sin duda, es una visión estrecha y reduccionista, pero, en general, a pesar de la crisis, ha habido un apoyo mantenido a la cooperación por parte de la sociedad.

 

Ahora, es verdad, que a diferencia de otros países europeos, donde el apoyo social a la cooperación es mayor y constante, la gente está menos integrada en las ONG y en organizaciones de este tipo. En España la cooperación, muchas veces, es compulsiva. Es decir, actuamos frente a una catástrofe, por ejemplo el terremoto de Haití de 2010, y luego nos olvidamos.  

 

Por parte del Gobierno, sí que ha habido un derrumbe en el compromiso con la cooperación. Los recortes en el presupuesto han afectado mucho. En el periodo 2009-2010, España logró un pico de ayuda en el que destinaba casi el 0,5% del Producto Interior Bruto (PIB) al desarrollo y la cooperación y, ahora, ha caído al 0,14% que es algo, absolutamente, irrelevante.

 

¿La única razón que explica una falta de solidaridad es la crisis económica?

Básicamente, sí. Ha sido una crisis muy brutal. En este escenario es muy difícil explicarle a la gente que de la cooperación se desprende un componente de egoísmo bien entendido. Es decir, si tú ayudas a que los países en desarrollo salgan de esa situación te estás beneficiando tú también: en la medida en que en Marruecos o en Argelia haya menos paro y menos pobreza, habrán menos oleadas de inmigración y, al mismo tiempo, habrá una relación más de igual a igual.

 

Según su texto, en 2006, con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, España implementó una serie de medidas que la identificaron como una nación solidaria. ¿Cuáles fueron esas medidas?

A finales de los noventa, con José María Aznar como presidente, ya hubo un pacto de Estado para aprobar una Ley de Cooperación. Durante los ocho años de los gobiernos de Zapatero hubo un interés muy especial en la ayuda al desarrollo por razones humanitarias, pero, también, porque cualquier país desarrollado tiene en la cooperación una faceta muy importante para su política exterior.

 

En los gobiernos de Zapatero, España se convirtió en uno de los diez principales donantes del sistema de Naciones Unidas. Con la cooperación, España ganó peso en su política exterior, nuestro país aumentó su relevancia. Todo esto, además de las razones humanitarias, hicieron posible el fortalecimiento de la cooperación española en ese tiempo.

 

¿Qué ha pasado con estas medidas?, ¿han sido borradas por causa de la crisis económica o por la llegada de políticas de derecha?

Han sido arrasadas por la crisis y porque los gobiernos de derechas no han visto, o no han querido ver, que la cooperación es una parte fundamental de la política exterior. Cualquiera, sin ningún apriorismo ideológico, puede comprobar que España ha perdido peso en su política exterior.

 

El temor es que, como en tantos otros sectores, se aproveche la crisis para que ya no volvamos a la casilla de salida, es decir, para que nos quedemos con el aporte del 0,14% del PIB a la cooperación y el desarrollo y nunca volvamos al 0,5% de aporte que se logró con el gobierno de Zapatero.

 

El exministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, parecía muy proclive a mantener los lazos de cooperación, por lo menos, en el ámbito iberoamericano.

Yo creo que se vio obligado a reducir la ayuda. No tengo datos internos, pero daba igual que estuviera Margallo o cualquier otro como ministro porque, digamos, que la cooperación es siempre una especie de hermana pobre que, a la hora de establecer recortes, es de las primeras afectadas.

 

La fecha de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) fue 2015. ¿Por qué se incumplieron y por qué el esfuerzo de las naciones no fue suficiente?

Los ODM eran más una aspiración que una rendición de cuentas, por tanto, eran objetivos muy ambiciosos, sin embargo, eran un motor estimulante. En algunos aspectos se cubrieron bastante, por ejemplo, en el tema de educación infantil. En América Latina y en África se consiguió un incremento en la escolarización. También se redujo la mortalidad infantil, pero, efectivamente, los ODM no se cumplieron.

 

¿No se pretendían cumplir? ¿Como sociedad debemos estar preparados para que los políticos prometan ODM que no se puedan cumplir?

No se pretendían cumplir. Digamos que eran objetivos para movilizar recursos y sensibilizar a la opinión pública, pero eran, repito, muy ambiciosos. Yo creo que han servido como sensibilización y como movilización de recursos destinados a estas metas. Ahora, hay que tener claridad en que son objetivos no alcanzables en un periodo corto de tiempo y a los que se les sumó una crisis económica para la que no estábamos preparados.

«La cooperación ha desaparecido del debate político y social. Un movimiento como el 15M no hizo ninguna mención sobre el tema. Tampoco estaba en la agenda de los partidos políticos de las últimas elecciones» 

En el contexto europeo, no es un secreto que Bruselas ha pedido una serie de ajustes que ha estrangulado economías, sobre todo, a las mediterráneas. En este escenario, ¿cómo ha se ha visto afectada la cooperación española? ¿Europa está comprometida con la cooperación internacional?

Europa estaba más comprometida con la cooperación internacional antes de la crisis, ahora menos. De todas maneras, en países como Francia, Alemania e Inglaterra y los países nórdicos, la cooperación es un tema no sólo político, institucional sino, además, social. En esa medida, una ONG como Oxfam Intermón, por ejemplo, recibe ayuda más o menos sostenida de un país como Inglaterra.

 

Ahora, la parte social europea también se ha resentido. Hace diez años no había voluntarios pagados en la calle pidiendo a la sociedad que se haga socia de alguna ONG. Eso es lo que hay que tratar de vencer. Es decir, en España debería haber un interés constante por la cooperación y cada ciudadano debería estar más sensibilizado con el tema más allá de que lo expliquen una y otra vez en la calle.

 

De todas maneras, es cierto que la responsabilidad política no sólo es del Partido Popular (en el Gobierno actual de España), sino que, si te fijas, el tema de la cooperación ha desaparecido del debate político y social. Un movimiento como el 15M (de donde surgió Podemos) no hizo ninguna mención a la cooperación internacional, pero tampoco el PSOE o Ciudadanos hablaron del tema en las últimas elecciones generales, casi ni figuraba en los programas electorales.

 

Hoy no se puede entender la política exterior sin el ingrediente básico de la cooperación. ¿Cuál es la principal crítica que usted hace a la política exterior de España en los últimos años?

El aislamiento, el ensimismamiento, el volcarse sólo en la Unión Europea y no en América Latina ni en el norte de África. Ha sido un error no darse cuenta y no poner los medios para que España no desapareciera de la escena internacional. España por economía, por política, por cultura es una potencia media, lo ha sido durante mucho tiempo y, ahora, somos una potencia baja. Creo que ha sido, fundamentalmente, una falta de voluntad política de los gobiernos de los últimos años del Partido Popular. 

 

«No somos una ONG» es una frase que suele saltar en conversaciones privadas cuando una persona quiere señalar que la inmigración es inabarcable en España. Además de la evidente crisis económica, ¿qué ha pasado con la sociedad española para que frases de este talante tengan cabida en el discurso público?

Yo creo que esa expresión es una broma egoísta del que la expresa, pero, al mismo tiempo, implica un reconocimiento a la labor de las ONG que, durante 30 años de historia de la cooperación española, han mantenido un prestigio social.

 

A pesar de algunos hechos puntuales, el racismo y la xenofobia en España no han alcanzado los límites de países como, por ejemplo, Hungría o Grecia en los que la extrema derecha ha llegado al congreso. ¿Por qué?

Yo creo que se debe a que España ha sido un país de emigrantes. Eso ha calado en nuestro ADN. Todos tenemos un abuelo, un tío, algún familiar o amigo que emigró durante las épocas difíciles de España. Tampoco ha habido grandes brotes de xenofobia porque buena parte de la inmigración en España ha venido de América Latina, y, aunque es un tópico, es verdad que compartimos una misma cultura, unos mismos valores y que nos une la lengua materna que es mucho.

«En España, en las buenas épocas, se hizo poca pedagogía ciudadana para que la cooperación no fuera compulsiva sino una acción a largo plazo»

¿Haría alguna crítica a las ONG?

Desde el apoyo absoluto, hay una crítica: en los años de vacas gordas, las ONG no supieron ver que los buenos tiempos económicos no iban a ser eternos, aunque, sin duda, jamás pensamos que tendríamos una crisis económica de esta magnitud. Sin embargo, muchas ONG no supieron sembrar para que en el futuro tuvieran fuentes de autofinanciación. Debieron haber aprovechado los buenos años para haber hecho mucha pedagogía social en el sentido de concienciar a la gente de que no sólo es importante cooperar ante una crisis, como la de Haití en 2010 que volcó a toda la sociedad española.

 

Las ONG fueron muy cortoplacistas y, salvo algunas voces, pensaron que el maná iba a ser eterno.

 

¿Cómo se puede autofinanciar una ONG?

Con financiación de socios, es decir, a través de una ciudadanía muy activa. Esto es lo que ocurre en los países nórdicos donde la gente es proclive a ser parte de una asociación u ONG. Ahora, es verdad que estos países gozan de una mayor estabilidad económica que favorece la tendencia a la ayuda, pero en España, en las buenas épocas, se hizo poca pedagogía ciudadana para que la cooperación no fuera compulsiva sino una acción a largo plazo.

 


Los medios de comunicación también podrían ayudar a fortalecer esta pedagogía, ¿lo están haciendo?

Los medios de comunicación atienden poco a los temas de cooperación. Los medios, sobre todo las televisiones, muestran la ayuda cuando hay una catástrofe o algún hecho noticioso espectacular, sensacionalista. Durante los años de vacas gordas se intentó, desde muchas instancias, que, al menos, los medios de comunicación públicos -Radio Televisión Española- dedicaran más atención a estos temas. Se consiguió sólo parcialmente. Los medios privados, salvo excepciones, -como 'Planeta Futuro' del diario 'El País'- dedican poca atención a estos temas.

 

A esto se suma el problema de que hay muy pocos periodistas especializados en temas de cooperación. La gente que hace temas de política exterior, a veces, no tiene ni idea o no le interesa la cooperación.

 

Pero no son sólo los medios de comunicación, el sistema educativo también debe generar pedagogía. Una asignatura como Educación para la ciudadanía, que se intentó implantar pero que no se logró un acuerdo político para incluirla en los planes de estudio, debería tener una buena parte de esto. Además, no hay que dejar sólo al libre criterio de un profesor el que vaya una ONG a dar una charla a los jóvenes estudiantes sino que esto debería estar reglado para que la sensibilización se haga desde los colegios.

 

¿Para qué han servido las cumbres iberoamericanas? ¿Cree que se han debilitado?

Creo que no se les ha dotado aún de suficiente contenido práctico. Ha sido una cosa muy estructural, muy política, que está muy bien que se celebre, es mejor que hayan cumbres iberoamericanas a que no hayan. Ahora, es cierto que en algunos aspectos, por ejemplo en educación, existe una conferencia de ministros de educación iberoamericanos que ha servido para establecer una relación transversal y de mutua cooperación que se debería extender a más ámbitos.

«La cooperación puede ser un poder suave, pero creo que, afortunadamente, muchas veces, es una relación entre iguales, no una relación paternalista o colonialista»

¿La cooperación española ha estado igual de centrada en África como en Latinoamérica? ¿Se hace necesaria más en un continente que en otro?

España ha centrado más esfuerzos en América Latina por razones culturales pero, sin embargo, en la última parte del libro explico que, durante la época de boom económico, donde porcentualmente aumentó más la cooperación de España fue en el norte de África, primero, por la oleada migratoria y, segundo, por vecindad. Desgraciadamente, se ha ido abandonando.

 

La razón de ayudar a África parece ser detener la ola migratoria más que un fomento a su desarrollo.

Sinceramente, hay una parte que apunta claramente a eso. A medida que aumenta el nivel de desarrollo de Marruecos o de Argelia las oleadas de inmigración se esperan menores. Es una parte lógica y que está bien mientras no se mezclen, espuriamente, los intereses económicos con la cooperación.

 

¿Hasta dónde esa política exterior que debería tener el componente de la cooperación española no se traduce en un poder suave que se ejerce sobre países en desarrollo?

Es la pregunta del millón. Yo creo que es un poder suave que es criticable en la medida en que se confundan o se solapen intereses comerciales y económicos con la cooperación. Las fronteras son muy difusas y es una lucha constante entre la gente de la cooperación y la gente de las grandes empresas. Es una contradicción que nunca se resuelve del todo.

 

Creo que, efectivamente, es un poder suave, pero creo que, afortunadamente, muchas veces la cooperación es una relación entre iguales, no una relación paternalista o colonialista.

 

A veces en la misma América Latina se ve a España como donante pero a cambio de beneficios en la colocación de sus empresas.

Exacto. Decía Eduardo Galeano que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente mientras que la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo». Yo creo que en la mayoría de las personas que trabajan en la cooperación anida ese espíritu solidario que describía Galeano, pero es cierto que, muchas veces, hay una ayuda con la promesa de una contraprestación. Por eso, es importante respetar las fronteras entre los intereses económicos y los beneficios de la cooperación internacional. Esta es una pugna constante.

 

¿Qué pediría al gobierno actual en materia de cooperación?

Tres cosas: Que aumente los presupuestos destinados a la cooperación, que haya una voluntad política mayor y que haya una pedagogía desde el poder, una educación social que resalte los valores y la importancia que tiene la cooperación al desarrollo.

 

¿Hay programas exitosos de cooperación para resaltar?

En los últimos años, la cooperación española abrió mucho el abanico de acción. Tradicionalmente, se focalizaba, no sólo en España sino en otros países europeos, en sanidad y educación, es decir, en médicos y escuelas. Es un éxito que se haya ampliado el abanico a sectores como el medio ambiente, la cultura, los medios de comunicación, la igualdad de género. Creo que uno de los grandes avances es esta amplitud y, sin duda, resalto que los temas de igualdad de género han logrado ser transversales en todos los proyectos de cooperación. 

Contacto: vivian.murcia@programateib.org

 

 

30 de noviembre de 2017


Más en El Porta(L)voz


Hoy en ibe.tv


 
 
 
 

Programa de cooperación ibe.tv.
Fuencarral, 8 - 2º / 28004 Madrid / +34 91 522 70 99 / redaccion@ibe.tv