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CULTURA

Pina Bausch, de la desaprobación a la consagración en la danza

Norbert Servos, amigo personal y compañero de trabajo de la famosa bailarina y coreógrafa alemana, habla sobre el libro monográfico que le ha dedicado

Vivian Murcia G. / El PortalVoz

@vivimur83 / @elportalvoz

«Tuvo muchos momentos de crisis, pero uno de los más difíciles en la vida y en la carrera de Pina Bausch fue cuando sus propios bailarines se rehusaron a trabajar con ella. Entonces, ya no era sólo la crítica y el público quienes se manifestaban en contra de su nueva propuesta», asegura Norbert Servos, dramaturgo, filólogo, filósofo, bailarín y coreógrafo alemán, uno de los amigos personales y profesionales más cercanos de la reconocida Pina Bausch (1940-2009). Servos acaba de publicar el libro Pina Bausch. Danza-teatro (Ediciones Cumbres con el apoyo del Goethe-Institut), un texto en el que trabajó durante más de 30 años, dedicado al análisis exhaustivo de las obras de la coreógrafa alemana.

 

Hoy, nadie pone en duda el aporte que Bausch hizo a la danza moderna, de hecho, se la reconoce como una de las precursoras del movimiento danza-teatro que, incluso, está incluido en La International Encyclopedia of Dance de la Universidad de Oxford. Pero a finales de los años sesenta, cuando comenzó su carrera, la respuesta fue devastadora.

 

«El público reaccionó sin piedad, abandonaba las salas antes de que terminara la presentación, hacía ruido, protestaba. Se dio el caso de que algunos espectadores rabiosos esperaban a Pina al terminar las presentaciones para amenazarla, tirarla de los pelos, acosarla», comenta Servos.

 

 

La incomprensión era la respuesta de un público y una crítica acostumbrados al ballet de concepto rígido -de puntillas y tutú-, en el que el cuerpo es completamente sometido por la mente y los sentimientos son absolutamente controlados. No se encontró esa rigidez en la propuesta de Bausch quien tuvo como principio «la honestidad en la expresión de las emociones», en palabras de Servos.

 

Paradójicamente, cuando su equipo de bailarines se negó a trabajar con ella, argumentando la falta de «orden» al que estaban acostumbrados al ejecutar una coreografía, la directora alemana desarrolló la técnica que la consagró en la historia de la danza. «Empezó a hacer preguntas a los bailarines. No eran preguntas filosóficas, eran preguntas mundanas de las que esperaba la respuesta más honesta y, con la respuesta, el bailarín experimentaba una catarsis que se manifestaba en el cuerpo», comenta Servos quien agrega: «algunas de las preguntas habituales de Pina eran: ¿Qué haces en Navidad? ¿Alguna vez os habéis cagado en los pantalones por culpa del miedo? ¿Cómo se sintieron en ese momento? Las respuestas eran representadas por los bailarines, este es el fundamento de la danza-teatro».

 

Bausch descompuso, así, el viejo armazón de la danza clásica y confrontó, tanto al público como a los bailarines, con sus propias emociones. En este rasgo, se acercaba a la idea del teatro de la crueldad de Antonin Artaud, en el que los espectadores se enfrentan a sus propios miedos.

 

La danza-teatro no es técnica, sino que materializa una determinada actitud de querer indagar en las personas y sus comportamientos. En las coreografías de Bausch nunca había fábula, no había personajes centrales, ni buenos ni malos, en definitiva, no había autoridad moral, por lo que su trabajo se define como «postideológico».

 

 

«Su continuo work in progress hace imposible que se pueda hablar de una obra por encima de otra. No hay una obra que sobresalga. Podemos hablar del trabajo en conjunto y siempre en desarrollo. La danza-teatro ejecutada por Pina se considera un continuo ensayo de la felicidad que transita, cómo no, entre la prueba y el error, sin las limitaciones convencionales y sin las contorsiones absurdas que conlleva la domesticación de uno mismo», asegura Servos.

 

Este libro, concebido como una monografía, abarca la trayectoria de Pina Bausch en el Wuppertal Opera Ballet, del que fue directora desde 1972, al que más tarde ella misma rebautizaría como el Tanztheater Wuppertal Pina Bausch, hasta la muerte de la bailarina en 2009. Consta de una descripción de las obras -La consagración de la primavera, 1975; Café Müller, 1978; Nelken (Claveles), 1982; por mencionar algunas-, por separado, siempre intentando examinar un aspecto concreto como el vestuario, el escenario, la música o el lenguaje. Se ha renunciado conscientemente a establecer valoraciones o a comparar unas obras con otras, dado que «el trabajo de Pina es indivisible», según Servos.

 

El autor identifica al movimiento surrealista como sustento conceptual de Bausch. «Aquello a lo que aspiraban los surrealistas buscando las leyes del subconsciente; aquello que los expresionistas pretendían liberar en esa cromaticidad emocional -nada es blanco o negro en la vida humana- en el trabajo de Pina parece elevarse de forma precisa y simultánea en los sentimientos y en el plano plenamente consciente para hacerse danza».

 

Pina Bausch hizo suyas las palabras de Antoine de Saint-Exupéry en El principito cuando afirma «Sólo se ve bien con el corazón», por eso, sometía a sus bailarines a interrogatorios, quería explorarlos, quería que ellos hicieran consciente, a través del movimiento, aquello que les inquietaba emocionalmente, lo inconsciente.

 

Pina Bausch

Pina Bausch

 

En la película que su compatriota, Wim Wenders, hizo sobre ella -que no pudo ver finalizada, se aprecia la forma de trabajar de Bausch, siempre con un cigarrillo en la mano, así, se entiende su muerte a los 68 años por un cáncer pulmonar- una bailarina afirma: «siempre te sentías más que humano trabajando con Pina; incluso con los ojos cerrados nos veía». En este sentido, Pina Bausch logró dar un paso más en la danza: entendió que la coreografía es el arte de dirigir las energías y unirlas, de manera que puedan ser comprendidas y experimentadas por la mayor parte de las personas. El ejercicio dancístico no es unidireccional, no existe una complejidad extrema de la que sólo los bailarines y eruditos se enteran. La danza, el movimiento, es la expresión humana y universal. En la cinta de Wenders, un bailarín recuerda: «Pina me pidió un movimiento de alegría y yo le presenté un movimiento con el que ella creó toda una escena».  

 

Con Pina Bausch se produjo la liberación de la danza de las convenciones literarias -no había inicio, nudo y desenlace- y se produjo su acercamiento a la realidad, a las emociones personales. No bailaba un contenido. Donde otros coreógrafos se habían esforzado en traducir la música y la historia en movimiento, ella actuaba directamente con las energías corporales. En palabras de Servos: «contaba una historia del cuerpo, no una literatura bailada».

*Fotos: Película Pina de Wim Wenders (2011). 

Contacto: vivian.murcia@programateib.org

 

 

13 de noviembre de 2017


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