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Google, Amazon, Facebook y Apple

TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD

Contra los monopolios de Google, Amazon, Facebook y Apple

Las empresas tecnológicas representan el 21% en el índice bursátil pero sólo emplean al 3% de la fuerza de trabajo de EEUU

Hugo Pardo Kuklinski

@Hugo_pardo

Desde que fueron dando forma todos los fenómenos de la contracultura digital, fuimos muy fans de lo que sucedía. En nuestros textos y práctica profesional formamos parte de dicha red evolutiva. Solamente el blog que escribo (Digitalismo) ya tiene 12 años. Pero muchas de las start-ups que impulsaron esta revolución ya se convirtieron en poderosos monopolios globales bajo la lógica de ganador toma todo -winner takes all-. Esto nos obliga a mantener un espíritu crítico sobre lo que sucede, dada la débil regulación del ecosistema digital en defensa del interés común de los ciudadanos y de una prosperidad compartida. En esta era digital, capitalismo y monopolios sólo existen armónicamente porque aún no existe una contranarrativa poderosa del lado B de esta contracultura digital y quién sufre sus externalidades y posibles adyacentes.

 

Google, Amazon, Facebook, Apple (llamadas GAFA) y otras corporaciones más jóvenes en crecimiento se han vuelto demasiado importantes para que ignoremos sus posiciones monopólicas, su lobby corporativo, su control de nuestros datos y el poder de sus algoritmos para dirigir lo que se debe ver, saber y consumir. Según una investigación realizada por The Reuters Institute for the Study of Journalism a 50.000 ciudadanos de 26 países, Facebook es la fuente primaria de noticias para el 44% de los norteamericanos. Vale recordar que Internet ha sido creada con fondos gubernamentales y construida sobre el principio de la descentralización y la intercreatividad. Siempre nos alegramos porque sus bajas barreras de entrada hacían suponer un mercado muy competitivo en todos los campos. Sin embargo, muchos tememos que pierda definitivamente ese espíritu.

 

Si observamos a Google, es la segunda empresa del mundo en capitalización bursátil (la primera es Apple) y lidera cinco de los grandes negocios de la revolución digital: la búsqueda, el consumo de vídeos, los mapas, los sistemas operativos para móviles y la navegación en la web. Si observamos a Facebook, controla más del 75% de las plataformas de medios sociales en EEUU, con su red social, Messenger, Instagram y WhatsApp.

 

Bajo cualquier normativa antimonopolios, ambas empresas serían obligadas a dejar el negocio en pos del ingreso de nuevos actores y una mayor competencia. Pero la legislación global ha sido hasta ahora muy permisiva con el crecimiento y la gestión impositiva de estas empresas. La Unión Europea se ha movido en el tema impositivo. Según la revista 'Forbes' (edición España, septiembre 2017), «en el último año y medio la Comisión Europea impuso multas de 2.420 millones de euros a Google, 110 millones de euros a Facebook y 13.000 millones de euros a Apple».  Sin embargo, queda mucho por hacer y el futuro mediato no parece reflejar que estas posiciones puedan cambiar. La combinación de escala y efecto de red hace muy difícil que otros actores aspiren a ocupar el espacio de los líderes del mercado.

 

Contribuyendo a la creación de esta contranarrativa del digitalismo, ya existen varios pensadores. Me sirve de anclaje el texto de Jonathan Taplin, Move fast and break things. How Facebook, Google and Amazon cornered future and undermined democracy, editado en 2017 por Hachette. Taplin es director emérito del Annenberg Innovation Lab en University of Southern California y es una relevante figura en la industria cultural americana.

 

Para Taplin, las grandes empresas de internet no tienen un sentido de responsabilidad social compartida y no quieren pagar impuestos. Señala el profesor de la USC Annenberg School que «muchas decisiones de nuestras vidas están diseñadas por ingenieros y ejecutivos de las grandes empresas de internet, sin el control regulatorio de nadie. Estas decisiones dejan vulnerables a las personas al control de delincuentes, corporaciones o la intromisión del Estado. Los hacedores de políticas públicas han actuado hasta ahora como si la economía de internet no tuviera nada que ver con la economía real y entonces se debe dejar al libre albedrío de las acciones de estas corporaciones». Taplin habla de las externalidades negativas en las que debemos enfatizar para construir esta contranarrativa del digitalismo. «Como si fuesen petroleras, Google y Facebook están en el negocio de la extracción. Su negocio es extraer datos personales a la mayor cantidad de gente posible el precio más bajo posible, y revender esos datos a la mayor cantidad de empresas posible al mejor precio posible. Y esa política de extracción crea externalidades».

«Facebook está disminuyendo la relevancia de los contenidos con enlaces hacia sitios externos, lo cual potenciará su carácter de red cerrada con prioridad en contenidos propios»

Una de esas externalidades que señala Taplin es la adicción a los dispositivos móviles. «Gran parte del éxito de la economía digital se basa en crear adicción al uso de dispositivos y plataformas. Skinner analizó que las ratas de laboratorio respondían más vorazmente a las recompensas aleatorias y eso es lo que sucede con las redes sociales». Rumores, cámaras de eco, multitudes enfadadas, sesgo de confirmación e incapacidad para cambiar de ideas, son otras de las externalidades de unas redes sociales creadas más para divulgar que para crear compromiso.

 

Las consecuencias económicas se ven cotidianamente y nos llevan hacia el postcapitalismo. Para Taplin, «el crecimiento de los monopolios en la economía digital crea un sistema disfuncional a lo que la economía clásica teoriza sobre los mercados sanos. El enorme flujo de ganancias netas de estas empresas hace pensar que -si los Estados no intervienen- sólo irá a agravarse (…) El efecto del monopsonio -monopolio del comprador- de Amazon en el negocio de los libros fuerza constantemente a autores y editores a trabajar por menos dinero. Y más allá de reclamar por precios bajos, la sociedad debería preocuparse que los escritores pueden vivir de su trabajo, que las librerías independientes existan y sean rentables y que los editores no mueran».

 

También existen consecuencias en el futuro del trabajo y en el crecimiento de los niveles de desempleo. Según Taplin, «las empresas tecnológicas representan el 21% del Standard & Poor's 500 Index pero sólo emplean al 3% de la fuerza de trabajo americana. (…) Un problema crucial es la uberización del trabajo. Fragmentación de empleos con outsourcing, con micropagos, sin derechos laborales ni beneficios y donde el empleado se hace total responsable e invierte en la herramienta de trabajo». El salario básico universal es quizás lo único que ayudaría a atacar a los excluidos de la revolución digital. Pero dadas las estrategias de las grandes empresas de internet propensas a llevarse sus finanzas a los paraísos fiscales, ¿qué aporte harían estas empresas si, por el contrario, procuran pagar la menor cantidad de impuestos posibles en los países donde operan?

 

Los que trabajamos codiseñando nuevas ideas en la industria de medios sabemos que se ha movido mucho valor económico y ganancias desde los creadores de contenidos (tratados hoy muchas veces como commodities) hacia los propietarios de las plataformas en internet. Monopolios naturales en base a una innovación disruptiva que le aportaba un enorme valor al usuario, están liquidando a actores tradicionales con una muy baja capacidad de innovación e iteración.

 

El problema es tan grande que -según Taplin-, «en 2015 la venta de música en vinilos generó más ganancias por los creadores de música que los billones de streams en YouTube y sus competidores». La estrategia ganadora en periodismo parece ser producir mucho más contenidos a menor costo, devaluando la producción de noticias en profundidad. Ya nos preocupábamos de este tema hace 10 años con Cristóbal Cobo cuando escribimos Planeta Web 2.0. inteligencia colectiva o medios fast foodTaplin afirma que «a través de un rediseño de su algoritmo, Facebook está disminuyendo la relevancia de los contenidos con enlaces hacia sitios externos. Puede suceder que los enlaces se vuelvan obsoletos dentro del feed de Facebook, lo cual potenciará su carácter de red cerrada con prioridad en contenidos propios». Algo similar afirmábamos en La teoría de Google sobre ti.

 

En la construcción de esta contranarrativa del digitalismo, Jonathan Taplin nos alerta que «esencial al éxito de Google, Amazon y Facebook es hacerle creer a la sociedad que ellos trabajan para el bien común aún tomando decisiones que no parecen ir en ese sentido». El autor nos invita a una reflexión final: «El único modo que sucederá una estructura paralela que beneficie a los autores es que la lucha a muerte entre política (la voz de las personas) y tecnología la gane la política. El tiempo de la plutocracia terminó».

 


Hugo Pardo Kuklinski es Doctor en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Fundador y Director General de Outliers School Comparte sus textos con El PortalVoz. Su blog es Digitalismo.com

elportalvoz@programateib.org

 

 

14 de septiembre de 2017


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