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Rubén Mendoza

CINE LATINOAMERICANO

Rubén Mendoza: «El fracaso en taquilla es una fuerza liberadora a la hora de crear»

Entrevista con el director de 'Niña errante'

Vivian Murcia G. / El PortalVoz

@vivimur83 / @elportalvoz

Rubén Mendoza (Tunja, Colombia, 1980) es director y guionista de varias películas como La sociedad del semáforo con la que obtuvo más de 15 premios internacionales. También ha participado en  varios cortometrajes y fue el editor de las últimas películas del reconocido cineasta Luis Ospina. Este año fue reconocido como Mejor director de cine colombiano en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias por la película Señorita María, la falda de la montaña. Acaba de terminar el rodaje de Niña errante que relata el viaje hacia la maduración de Ángela, una niña de 12 años que debe buscar un hogar atravesando medio país con sus tres hermanastras treintañeras, que aceptan llevarla antes de dejarla al cuidado del Estado. Es una película sobre el descubrimiento de la feminidad, la sensualidad, los misterios del placer y del dolor, el cuerpo y la desgracia y el reto de ser mujer en estas tierras.

 

La película se proyectó en la edición número 65 del Festival de Cine de San Sebastián (España).

 

Debe ser un reto hacer una película en la que la protagonista es una mujer y más una niña. ¿Qué retos le ha implicado ponerse en la perspectiva de una mujer y de una menor?  

Todos. La niña tiene un característica y es que ha vivido aislada con el padre, no conoció a su mamá. Mi idea era un poco saturar con ella curiosidades naturales que tuve por estar biológicamente del lado en el que estoy. Como hombre y como hombre heterosexual. Ahora, desde niño mi curiosidad por el mundo femenino ha sido inmensa. Mucha química con las niñas, pero también con las señoras, con las abuelas, y eso fue una constante cuando fui creciendo, en la etapa que me encontrara. La hago, sin embargo, como todas las películas: queriendo aprender, sabiendo que el idiota, el neófito, soy yo, es uno. Tengo curiosidad por toda su fuerza y todos sus dolores. El pulso que impuso el hombre desde las cavernas, en casi todas las geografías con la fuerza física, tiene consecuencias inmensas hasta hoy donde por fortuna se pueden, en muchos lugares, combatir abiertamente.

 

Se trata de una película que define el productor Daniel García como «un universo femenino muy visual» ¿Cuál es el componente audiovisual que propone de ese universo femenino?

Es una pregunta abstracta para un cineasta. Por lo concreta al mismo tiempo. Pero el componente visual será lo que quede en el corte final. Lo que sí puedo decir es que hay una celebración de la belleza femenina en muchos sentidos. Hoy lo hablaba con alguien, ese verso milenario del Tao Te Ching: «despreocúpate de la belleza y la belleza aparece». Hay vellos, olores, sudor, con altanería, fuerza.

 

Es su cuarto largometraje. Desde La sociedad del semáforo hasta Niña errante, ¿qué ha cambiado en su apuesta del audiovisual que lleva su nombre?

Son respuestas que corresponden a los observadores. Yo voy en la mitad de la tormenta sin reparar en los estragos. Para mí el cine sigue siendo la supervivencia, la forma de ejercer la vida, de espantar el tedio, de tener aventuras, de aprender, de saber más como dijo Barbet Schröeder. Lo que sí puedo decirte es que como para mí el cine es uno solo este es mi sexto largometraje, y que mis dos documentales, El valle sin sombras y Señorita María, la falda de la montaña (acabado de estrenar este año en Cartagena y en La semana de la crítica de Locarno), han sido escuelas inmensas. Tienen heroínas que han padecido el dolor hasta las últimas consecuencias: pero no se perpetúan como víctimas. Al contrario. Es dolor superado: o sea fuerza. Han entendido algo del mundo imposible para quien no ve así. Ahora a La sociedad… la siguieron las ficciones Memorias del Calavero y Tierra en la lengua, que es la despedida y entierro de dos machos puros, terribles, temibles, y adorables, maravillosos.

 

La película parece (no se ha estrenado) triste. ¿Es posible hacer un audiovisual en Colombia que no tenga un componente del dolor dado por la violencia?

No es triste. Mi cine es celebración pura de la vida. Por más dura que sea, como es. Es euforia, y sueños, y la parte bella de las drogas, de la soledad, de la inutilidad en el camino. En Colombia es posible, como en cualquier parte, hacer cualquier cine. La geografía es determinante, pero no hace del estado de ánimo un género.

 «Mi curiosidad por el mundo femenino ha sido inmensa: queriendo aprender, sabiendo que el idiota, el neófito, soy yo, es uno»

Ya que usted es un hombre haciendo esta película sobre las mujeres ¿Qué cree que falta que nos muestre el cine colombiano relativo a la mujer?

Muy grande pregunta. Seguro falta todo. Ya muchos hombres han hecho películas con mujeres y heroínas, y ahora una gran camada de directoras andan haciendo películas de todo, también de mujeres, y con la sensibilidad que no es necesariamente propiedad de un género sino de un espíritu. El cine como casi todo en la vida ha sufrido de machismo, de cerrar oportunidades por prejuicio y lo que faltaba, en grande, es que eso se rompiera. Y lo están rompiendo en muchas partes, de nuevo, en muchos lugares, las directoras, técnicas, artistas, que andan haciendo cine, revelándose, rebelándose.

 

¿Cómo valora el cine que se está haciendo en Colombia hoy?

Hay más cine. Hay más cosas que me gustan, hay más cosas que no me gustan. Me alegra la efervescencia.

 

¿Quiénes son sus referentes cinematográficos?

Muchos. Desde mis abuelas que son películas ambulantes, pasando por el Cucho, coprotagonista de La sociedad del semáforo y protagonista de Memorias del Calavero que es una superproducción, pasando por José Asunción Silva, Rimbaud, Gómez jattin, poetas/película, y por el ejército del cine: Herzog, Luis Ospina, Kiarostami, Kaurismaki, Víctor Erice, inmenso adorado, Favio, Jean Genet, Fassbinder, Bergman, Chavarri, Melville, etc.


En Colombia la taquilla no suele ser muy afortunada para los directores locales. Le ha pasado, por ejemplo, a Víctor Gaviria con La mujer del animal ¿Por qué hay reticencia del público colombiano a pagar por ver su cine?  

Porque tienen la morfina de la televisión, porque la ignorancia sigue siendo muy rentable para muchos, porque la gente sale cansada de ser esclava todo el día como para irse a un cine con el tiempo escaso para reponerse, comer y tener energías con la comida y el sueño para volver al trabajo. Es que la gente, el Estado y las empresas, que deben posibilitar el conocimiento lo encarecen, lo esconden, lo tratan de forma humillante. El fracaso, social (en taquilla), de las películas, sin embargo es una fuerza liberadora a la hora de crear. Pienso en mi equipo, delante y detrás de cámara y en mí mismo como un primer espectador, afortunado por observar la totalidad de un proceso. Ojalá, claro las viera todo el mundo. Por el momento lo importante es hacerlas.

 

¿La culpa de la falta de público colombiano podría estar en las propuestas cinematográficas que se hacen en Colombia? o ¿en qué falla la cultura audiovisual de su país para que el cine nacional no tenga la acogida esperada? 

En ningún caso la culpa la tiene el cine, por lo menos ahora: se hace desde todos los ángulos, desde todas las orillas. Colombia es arribista. La gente que tiene acceso a la cultura prefiere las películas de comida rápida.

 

Contacto: elportalvoz@programateib.org 

 

 

12 de septiembre de 2017


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