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John Gibler, periodista

MÉXICO

John Gibler: "El Gobierno ha impedido encontrar a los 43 estudiantes"

El periodista habla sobre su libro 'Fue el Estado. Los ataques contra los estudiantes de Ayotzinapa'

Vivian Murcia G. / El PortalVoz

@vivimur83 / @elportalvoz

El periodista estadounidense John Gibler vive en México desde 2006. Durante su estancia ha hecho numerosos artículos sobre diferentes aspectos del país latinoamericano. Cosas positivas y negativas, las diferentes aristas que interesan al periodista. Sin embargo, en 2014 no dudó en qué centraría más de un año de investigación periodística.

 

Durante la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014, según Gibler,  decenas de policías estatales de Guerrero y hombres armados vestidos de civil atacaron cinco autobuses de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, un autobús del equipo de fútbol juvenil de tercera división 'Los Avispones' y a las personas que iban en automóviles particulares y taxis.

 

Los ataques empezaron hacia las 21:30 horas del 26 de septiembre y duraron hasta la madrugada del 27 de septiembre.

 

El resultado fue escabroso. Asesinaron a 6 personas, hirieron gravemente a decenas (un estudiante recibió un disparo en la cabeza y sigue en coma) y desaparecieron a 43 estudiantes de Ayotzinapa. La mañana del 27 de septiembre el cuerpo de uno de los estudiantes asesinados, Julio César Mondragón Fontes, fue encontrado en un tiradero de basura cerca de uno de los principales lugares de los ataques: los asesinos le quitaron el rostro y los ojos.

 

Los mismos estudiantes empezaron a difundir las noticias del ataque, en tiempo real, a través de Facebook y diferentes programas de radio. Varios periodistas de Iguala llegaron a uno de los lugares y, también, fueron atacados. Para la mañana del 27, la noticia era la portada en la mayoría de los medios no sólo de México sino del mundo.

 

Hoy los 43 estudiantes siguen desparecidos y Gibler ha entrevistado a sus familiares, amigos, al cuerpo de investigación policial, abogados, académicos, profesores y testigos tratando de aportar un rayo de luz a este oscuro hecho. La recopilación de las entrevistas dio lugar al libro Fue el Estado. Los ataques contra los estudiantes de Ayotzinapa (Pepitas de Calabaza). 

 

Además de la noticia, ¿Cuál fue el motivo que le llevó a desarrollar esta investigación?

Lo que me motivó a ir a Guerrero y empezar a investigar y hacer el libro fue la indignación, fue la rabia, fue la tristeza y fue, en todo momento, el compromiso de escuchar a las personas más afectadas -los sobrevivientes de los ataques y las familias de los desaparecidos- y buscar la forma más respetuosa y poderosa de compartir ese ejercicio de escucha a través de la escritura.

 

A los normalistas se les conoce como un grupo que ha hecho resistencia durante años a los grupos más poderosos en México. Se les señala de tener ideas marxistas y vínculos con el comunismo. ¿Cree que describir a los normalistas de esta manera es justa?

Los estudiantes de Ayotzinapa, como los estudiantes de las otras 16 escuelas normales rurales en México, pertenecen abiertamente a una federación estudiantil socialista, la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM). La FECSM fue creada en 1935 y es la organización estudiantil más antigua de México.

 

Los estudiantes de Ayotzinapa, un internado varonil, vienen en su mayoría de los pueblos rurales campesinos e indígenas más marginados del estado de Guerrero y del país. Algunos llegan con antecedentes de activismo político previo, otros llegan sin jamás haber participado en una organización política. Hay quienes llegan con la esperanza concreta de ser maestros rurales, otros con el simple deseo de seguir estudiando algo, lo que sea. Casi todos llegan a Ayotzinapa porque la ven como su única posibilidad de estudiar una carrera universitaria, al ser una universidad completamente gratuita.

«La visión campesina y socialista de los estudiantes normalistas en México siempre ha sido crítica de los diferentes gobiernos federales y del sistema capitalista»

¿Es la escuela normalista una institución que fomente la resistencia al poder?

Sí. La visión campesina y socialista de los estudiantes normalistas en México siempre ha sido crítica de los diferentes gobiernos federales y del sistema capitalista. Ha habido una larga lucha entre el normalismo rural y los gobiernos federales. Son los propios estudiantes, sin embargo, dentro de la estructura de la FECSM, y no los profesores ni los administradores de la escuela, quienes se encargan de fomentar la resistencia como parte fundamental de la vida estudiantil.  

 

La investigación señala que, en un primer momento, se encontró una fosa común con varios cadáveres de los que la policía dijo que no pertenecían a los estudiantes desaparecidos. ¿Era una estrategia de las fuerzas estatales para encubrir los hechos?

Tengo la sospecha de que las autoridades presentaron esas fosas en las afueras de Iguala a principios de octubre justamente para distraer la atención y así preparar la falsa escena del crimen en el basurero de Cocula.

 

¿En qué estado se encuentra la investigación policial?

Después de la salida del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a finales de abril de 2016, el Estado mexicano no ha presentado ningún avance en la investigación. El Estado insiste en una descripción de los hechos que ha sido completamente despedazada por diferentes investigaciones independientes. En septiembre de 2016 elevaron de cargo a Tomás Zerón de Lucio, quien fue señalado por sembrar evidencias y realizando diligencias ilegales para poder sostener la versión oficial.

«El Estado mexicano insiste en una descripción de los hechos que ha sido completamente despedazada por diferentes investigaciones independientes»

¿Qué responsabilidades políticas ha tomado el Estado mexicano frente a los 43 desaparecidos? ¿Le parecen suficientes dichas responsabilidades?

El Estado mexicano ha intentado, en todo momento, evadir las responsabilidades políticas, encubrir los altos funcionarios implicados en los hechos y hacer imposible encontrar a los desaparecidos y descubrir la verdad.

 

¿Quiénes faltan por pagar en este crimen?

Todos. Los que realizaron los ataques. Los que ordenaron los ataques. Los que torturaron detenidos, destrozaron evidencias, sembraron falsas evidencias, y encubrieron los responsables materiales e intelectuales de los hechos de violencia contra los normalistas y varios otros ciudadanos. Repito, todos.

 

Según algunas versiones, los estudiantes habrían sido asesinados por orden de militares (o paramilitares) triturados e incinerados en un basurero. ¿Cree que esta hipótesis es la más factible?

No. De ninguna manera. Tres investigaciones independientes rigurosísimas demostraron que los cuerpos de los estudiantes no fueron incinerados en el basurero de Cocula, como declararon los inculpados. Es más, los estudios independientes sobre dinámicas de fuego concluyeron que un fuego de tales dinámicas no había sucedido en el basurero de Cocula esa noche, ni en los meses anteriores ni posteriores.

 

Me podría decir, en su opinión, realmente, ¿Qué pasó con los 43 estudiantes que siguen desaparecidos?

No sabemos todavía. Están desaparecidos. Más de dos años después de los ataques siguen desaparecidos. ¿Cómo comunicar en un par de palabras el infierno de dolor humano que esto representa para 43 familias y muchos más?

 

La lucha de sus familias, así como el reto de los periodistas e investigadores, es encontrarlos y descubrir la verdad sobre qué les pasó. Terriblemente, el Gobierno federal de México ha hecho todo lo posible para que no los encontremos, para que no demos con la verdad.

«Fueron policías uniformados de los tres niveles de gobierno quienes atacaron a los normalistas»

De fondo, ¿Qué problema del Estado mexicano se ve reflejado en este hecho de la desaparición de los estudiantes? ¿Puede ser la guerra entre carteles de drogas una de las aristas del problema?

Pienso que «la guerra de carteles» es un gran y nefasto mito. No hay cartel de droga sin policías, jueces, alcaldes, senadores, gobernadores, etcétera. El negocio multimillonario de la siembra, el traslado, y la venta de drogas ilícitas está completamente estructurada por la ilegalidad misma de la mercancía; el Estado mexicano -y con el apoyo de los Estados Unidos, claro- administra el narcotráfico, no lo combate.

 

Fueron policías uniformados de los tres niveles de gobierno quienes atacaron a los normalistas. Fueron, y siguen siendo, los oficiales más altos del Gobierno federal quienes han obstaculizado, mentido y torturado para fabricar un encubrimiento tan brutal como ridículo de la atrocidad cometida esa noche. Es decir: fue el Estado y sigue siendo el Estado. 

 

 

7 de febrero de 2017


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