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Ricardo Piglia / Foto por Alejandra López. Tomada de la web de la editorial Anagrama

DUELO EN LAS LETRAS IBEROAMERICANAS

Adiós a Ricardo Piglia

El escritor argentino padecía una enfermedad degenerativa

Redacción El PortalVoz

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Ricardo Piglia será recordado en Argentina, y en toda Iberoamérica, como un “escritor fundamental”, como lo señalan la mayoría de los obituarios de la prensa en castellano.

 

Piglia ha fallecido el 7 de enero de 2017 a los 76 años. Padecía una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que afectó a sus músculos, pero que no logró separarlo de la escritura que mantuvo hasta sus últimos días.

 

Piglia nació en Adrogué, al sur de la provincia de Buenos Aires, el 24 de noviembre de 1941. Después de la caída de Perón, en 1955, su familia decidió mudarse a Mar del Plata. El traslado no resultó nada grato para el joven Piglia, dejaba un lugar que le era familiar y se enfrentaba a una nueva ciudad.

 

Dentro de lo que le esperaba su juventud marplatense se cuenta a la escritura. Así, a los 16 años, empezó a escribir sus diarios en los que ya empezaría a hacer reflexiones sobre la función del lector y el poder de la palabra escrita.

 

Pese al interés por las letras, no quiso estudiar Literatura, se negaba a que le «obligaran leer», como afirmaba, él leía por gusto. Así que se decantó por estudiar Historia en la Universidad de la Plata.

 

Emilio Renzi, el alter ego de Piglia que está ya en su primer libro La invasión (1967), apareció por primera vez como traductor de un cuento de Ernest Hemingway, firmado por él en 1965. El escritor construyó un personaje-alter ego (Emilio Renzi) con el que incluso le confundían: «Tiene posiciones más extremas que las mías. Dice cosas que yo pienso, pero no me atrevo a decir. Renzi dice que Borges es un escritor del siglo XIX y todos creen que lo dije yo. Pero fue él, siempre está provocando», aclaraba el escritor.

 

Piglia tenía sólo 26 años cuando publicó su primer libro de cuentos, Jaulario (1967) -que se publicó con el título de La invasión- con el que recibió una mención en el concurso Casa de las Américas de Cuba. Viajó a La Habana en un viaje que él definió como «iniciático» junto a Rodolfo Walsh, Francisco Urondo y León Rozitchner.

 

En 1975, Piglia publicó Nombre falso, un libro que daría claras líneas de lo que es su legado literario: el cruce entre crítica y ficción, la presencia del discurso ensayístico y la inclusión de fragmentos digresivos, como lo señala el diario argentino 'Página 12'.

 

El joven Piglia desplegó un importante trabajo editorial junto a Jorge Álvarez en la editorial Tiempo Contemporáneo a partir de 1968, cuando dirigió la Serie Negra, la primera colección de novelas policiales norteamericanas que se tradujeron en lengua española. Un trabajo muy destacable ya que presentaba ediciones muy cuidadas de autores como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Horace McCoy y David Goodis, entre otros.

«En la última década Piglia recibió numerosas distinciones, aunque la prensa argentina señala que ha quedado una deuda pendiente al no otorgarle el Premio Cervantes de las Letras»

En busca de una «prosa rápida»

Según la crítica literaria, no hay duda de que Piglia no sería el escritor que fue sin las influencias de las lecturas de Jorge Luis Borges y Roberto Arlt a los que habría que añadir la importancia que también tuvieron Franz Kafka, Witold Gombrowicz, Cesare Pavese, Hemingway, William Faulkner (su escritor favorito) y Scott Fitzgerald, entre otros.

 

«Admiro las prosas lentas (Juan Carlos Onetti, Juan José Saer, Sergio Chejfec, Juan Benet), pero yo busco otra cosa. La prosa tiene que ser rápida, seguir un ritmo, un fraseo, tiene que fluir: eso es el estilo para mí, la marcha, no el léxico, el tono, no las palabras, sino algo que está entre las palabras, para decirlo así. Es lo que busco desde que empecé a escribir y es lo que me gusta cuando leo a Rodolfo Walsh o a Antonio Di Benedetto, o a Roberto Bolaño, que tiene mucha energía en la prosa, algo que viene de la generación beat. William S. Burroughs es el maestro de esa inmediatez, tiene un oído infalible», planteaba el escritor.

 

En Respiración artificial (1980), su primera novela, sorprendió al público con la forma. Se trata de una especie de novela total en la que hay divergencia de voces y una compleja estructura separada en dos partes.

 

Según lo reseña 'Página 12', en la primera parte, presenta un relato epistolar mezclado con una investigación en la que aparece Renzi interesado por la vida de un tío que desconoce, Marcelo Maggi. A su vez, Maggi trata de escribir sobre unos papeles del siglo XIX que ha dejado Enrique Ossorio, turbio conspirador de la época de Juan Manuel de Rosas (militar y político argentino del siglo XIX), que es abuelo del suegro de Maggi.

 

Como lo describe el diario 'Página 12', la escritura une a estos sujetos: Ossorio sueña con publicar una novela, pero su prematura muerte se lo impide; Maggi quiere hacer pública la vida de Ossorio, pero su desaparición aborta el intento; y Renzi es quien escribe la novela que no pudieron escribir sus dos antepasados.

 

En La ciudad ausente (1993), la segunda novela de Piglia, Miguel Mac Kensey, un argentino hijo de ingleses y más conocido como “Junior”, es un periodista del diario El mundo que a la par que investiga una serie de grabaciones producidas por una máquina creadora de múltiples relatos -ubicada en un museo- va descubriendo su identidad marcada por una Argentina que ha sufrido la represión social de las dictaduras.

 

Con Plata quemada (1997), novela policial inspirada en un robo millonario de mediados de los años sesenta, Piglia obtuvo el premio Planeta y tuvo su versión cinematográfica de la mano de Marcelo Piñeyro.

 

En El último lector (2005) plantea la pregunta «¿qué es un lector?» que es, en definitiva, la pregunta de la literatura y en la que tanto ahondó Piglia.

 

Después publicaría Blanco Nocturno (2010) y El camino de Ida (2013), su última novela.  

 

En la última década Piglia recibió numerosas distinciones, aunque la prensa argentina señala que ha quedado una deuda pendiente al no otorgarle el Premio Cervantes de las Letras.

 

Ricardo Piglia recibió el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso (Chile, 2005), el Premio de la Crítica (España, 2010), el Rómulo Gallegos (Venezuela, 2011), el Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (Chile, 2013), el Konex de Brillante (Argentina, 2014) y el Premio Formentor (2015).  

 

También protagonizó dos programas en la televisión pública de su país: Escenas de la novela argentina (2012) y Borges por Piglia (2013). Además, participó activamente en 327 cuadernos, la película de Andrés Di Tella sobre sus diarios.

 

El mundo de las letras en español despide a uno de sus grandes escritores, pero, sobre todo, dice adiós a un intenso pensador sobre la función de la escritura y la lectura, un ejercicio nada baladí y que, gracias al amor, Piglia empezó a cultivar desde muy joven como le confesaría en una entrevista a Leila Guerriero: «Yo ya leía, pero sin método. Había tenido una noviecita en Adrogué. El padre era de familia de anarquistas, leían mucho. Íbamos caminando, había un muro alto, y ella me dijo: ‘¿Estás leyendo algo?’. Y yo había visto, en una librería, La peste, de Albert Camus. Y le dije: ‘Sí. La peste’. Y me dijo: ‘Prestámelo’. Me da vergüenza contar esto, pero compré el libro, lo leí esa noche, lo arrugué un poco para que pareciera usado, y se lo llevé al día siguiente. Y ahí empecé a leer», recordaría Piglia.

 *Foto: Alejandra López / Tomada de la web de la editorial Anagrama. 

 

 

7 de enero de 2017


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