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Siria, el país de las almas rotas

CONFLICTO ARMADO

Siria, el país de las almas rotas

Los periodistas Javier Espinosa Robles y Mónica G. Prieto presentan un libro al que definen como su "visión ocular de una hemorragia humana"

Vivian Murcia González

@vivimur83 / @elportalvoz

Fueron 11 meses lo que duró el secuestro de Javier Espinosa Robles. Una eternidad para su esposa y compañera de trabajo Mónica G. Prieto. Los dos son periodistas de esa clase que no admite la mera etiqueta de "reporteros de guerra". Son fotorreporteros que han retratado la verdad de los conflictos armados. Esa verdad es, para el caso de ellos, la que cuenta la gente que la vive, esos mal llamados "daños colaterales".

 

Espinosa estuvo secuestrado por una célula del autodenominado estado islámico (ISIS). Él y su esposa (Mónica) cubrieron durante 5 años lo que podría llamarse la debacle de Siria. Trabajando como autónomos enviaron fotos y crónicas que hacían un seguimiento de la hemorragia humana en la que se ha convertido Oriente próximo. Ahora han publicado el libro Siria, el país de las almas rotas. De la revolución al califato del ISIS (Debate) en el que narran parte de los hechos que más les impactaron de la guerra.

 

El título puede ser demasiado ambicioso, no se puede recorrer la historia de un conflicto que tiene raíces de índole tribal en Irak hasta la implantación del terror por parte de ISIS en Siria sin hacer un sesudo estudio histórico. Sin embargo, el esfuerzo de estos periodistas está en hacer un recorrido -a través de crónicas y experiencias personales- sobre lo que vieron en ese país y, así, dar un testimonio (más divulgativo quizás que algunos libros de historia) no sólo de ellos sino, además, de los sirios que conocieron durante el cubrimiento periodístico que va desde las primeras revueltas hasta la matanza a civiles por parte de diferentes agentes que se han apropiado de la guerra, "ya son tantos que es imposible calcular el número de vinculados a las masacres", asegura Mónica G. Prieto.

 

En la presentación del libro estuvo el periodista Jon Lee Anderson, experto en guerras latinoamericanas y en los conflictos de Irak y Afganistán después del 11-S. Anderson presentó a Espinosa y Prieto como los amigos que son.

 

"En un momento donde el periodismo pasa por momentos tan complicados es importante poner el foco en las cosas que realmente están pasando. Hay dos clases de periodistas: los que se dedican a cumplir la orden de un jefe y los que van a los lugares donde están pasando los hechos. Los dos respetables, pero un periodista que quiera contar algo tiene que estar en el lugar. Estos dos amigos son un buen ejemplo", dijo Anderson en la presentación.

 

La afirmación de Anderson cobra importancia si sumamos las crisis financieras que atraviesan los grandes medios de comunicación y el poco apoyo que reciben los periodistas que deciden dejar la redacción para contar las cosas desde una perspectiva más auténtica. "Algunos (periodistas) toman su trabajo como una especie de cancillería, se les delega un lugar para cubrir todo tipo de noticias, reciben el apoyo de las instituciones e informan lo que pueden", comentó Anderson, quien sin ánimo de ofender dejó entrever la añoranza por el periodismo que se sale de lo estipulado por la agenda y cuenta verdades como puños.

 

"Es la primera vez que me encuentro con Mónica y Javier en un país que vive en paz, a Mónica la vi en Irak y a Javier en un pueblito al norte de Siria en 2012, justo después del asalto y el arranque de la revolución. Para mí, ellos son exploradores de la realidad; me sorprende su empeño en salir de la comodidad. No es fácil ir a lugares bélicos, es una necesidad que pocos tienen y entienden", comentó Anderson.

 

Siria, el país de las almas rotas es el resumen de ese afán por entender la realidad y, sin embargo, como dice Anderson, "el libro no es el típico de los reporteros de guerra, esos que suelen sacar como 'su libro de guerra', aunque haya historias en las que ellos son testigos o protagonistas, hay episodios que nos hacen ver, de manera más íntima, lo que en realidad le pasaba a la gente", afirmó Anderson.

 

El secuestro de Javier fácilmente pudo haber sido el libro de esta pareja, pero hacer de su propia historia la protagonista no era la tarea así que decidieron contar la historia de los otros.

 

Antes de empezar a citar el libro, Mónica G. Prieto, contextualiza: "Acabo de llegar a Homs, me he quedado en la casa de una familia. Ocurre una detonación y me encuentro con este escenario:

 

«Algunos deambulan impávidos sin saber bien a dónde dirigir sus pasos, como si temieran la escena que les esperaba en la vivienda y estuvieran reuniendo fuerzas para enfrentarse a ella, otros se afanaban en entrar en el domicilio de un yihad, sorteando escombros. Me sumé a ellos, el impacto había dado de lleno a la primera planta de la vivienda, cuando la familia se disponía para la cena. En el salón, las paredes y alfombras estaban cubiertas de restos humanos y pedazos de cristal, el humo enturbiaba el aire pero era inconfundible el olor a sangre y vísceras (...) Una de las personas con las que iba entró, yo la seguí para quedar paralizada por la visión de Alí, el pequeño que le daba fuerzas a su madre cuando recordábamos horas atrás la muerte de su hermano. Le reconocí por su rostro fino y dulce, ojos grandes ahora en el vacío, pero no quedaba mucho más de Alí, sus brazos mutilados y su cabeza. La parte inferior del tronco había desaparecido a la altura del vientre dejando sus entrañas al descubierto. (...) Una de las personas contuvo un grito y se llevó las manos a la boca, tratando de empujarme hacia la puerta, 'No debes ver esto' alcanzó a musitar. Me obligué a abrir los ojos. 'Sí, por eso estoy aquí', vocalicé lentamente antes de apartarme con suavidad de la escena para ponerme a hacer fotos. La cámara, una vez más, daba sentido a mi presencia en medio de aquella locura, los restos de Alí y de su hermano mayor de 24 años habían quedado esparcidos por una grotesca colección de despojos por la habitación. Sabía que aquella imagen era impublicable, inaceptable para los sensibles ojos occidentales desacostumbrados a los derramamientos de sangre, pero conscientes de que era un crimen de guerra por el que alguien debería pagar».

 

"Escribí esta crónica recordando aquella imagen. La crónica que envié terminó cerrándose con un corte de la foto", aseguró Prieto.

 

¿Cómo ejercer el periodismo en Siria?

Es muy complicado. Siempre fue complicado porque era una dictadura desde antes del conflicto de ahora. Desde que llegas en seguida saben quién eres, para quién trabajabas, lo que pretendes. Hay cuerpos de inteligencia que te siguen por todas partes. Si tú hacías una pregunta en la calle sobre cualquier tema una persona te contestaba una parrafada gigante y el traductor se limitaba a decirme: 'ha dicho que daría la vida por el presidente'. Es muy complicado, los regímenes se esfuerzan mucho en que desde afuera no sepamos lo que está ocurriendo. Esto se demostró en las revueltas, el régimen evitaba la entrada de periodistas, el gobierno concedía visado a periodistas pero de manera muy vigilada porque lo más importante para ellos es apoderarse de la narrativa, que es la historia verdadera de una sociedad.

 

Cuando llegamos allí descubrimos que lo que había eran manifestaciones pacíficas, no había gente armada y, al principio, ni siquiera querían la caída del régimen. Querían la liberación de presos políticos, que siguen siéndolo, y eliminar la corrupción. Todo se desató cuando a unos chavales se les ocurrió escribir en un muro "queremos la caída del régimen", a partir de ahí surgieron las marchas y todo se degeneró en lo que hoy es, pero al principio era una manifestación legítima. Era difícil aventurar que el régimen iba a actuar con tanta ferocidad, así, la labor del periodista era ir en contra de todo y desafiar la retórica comprada por algunos sirios.

 

El libro tiene un capítulo dedicado exclusivamente a Homs. En una primera parte de ese capítulo se explora cómo surgen y se organizan las manifestaciones pacíficas contra Bashar Hafez Al-Assad, después se cubre el primer asalto de Homs y, por último, la caída de Homs. "Es fundamental entender la caída de Homs como el detonante del dolor extremo de la población siria. Es entonces cuando la comunidad internacional, ya demasiado tarde, mira hacia Siria", afirmó Prieto.

 

¿Por qué es necesario este libro?

Javier Espinosa Robles: Porque si ahora mismo lees los medios de comunicación se ha simplificado tanto el conflicto que creemos que sólo existe un régimen y el ISIS con un cuchillo en la mano, la realidad no es así. Hay un gran número de actores en ese conflicto. La existencia de ISIS se ha dado como un proceso que surge en Raqqa (ciudad situada entre Siria e Irak) y es un plan apoyado sistemáticamente por Al-Assad para fomentar precisamente el radicalismo, porque lo que al régimen no le convenía era que hubiese gente pidiendo democracia o justicia. Era mucho más fácil lidiar con los supuestos terroristas, y si no existían pues había que crearlos, por eso, el régimen liberó a todos los dirigentes islamistas que tenía en las cárceles y los soltó sabiendo que esa gente iba a hacerse con el control de la revolución. Después, leyendo libros históricos sobre Siria de Patrick Seale, entendí que estos líderes también se habían presentado como demócratas en su momento, la gente les echaba arroz por las aldeas, por ejemplo, Bashar Hafez Al-Assad copió eso y, después, él mismo creó a los terroristas que eran antes liberadores del pueblo, como él.

 

Es muy importante que establezcamos un itinerario de toda la revolución y de cómo se llegó al odio, al sectarismo y a la violencia indiscriminada. Lo que pasa es que cuando tú reprimes a la gente generas venganza. Ya no se quiere democracia y justicia, ya se quiere matar al que ha matado a tu hijo, se pierde la razón. Así es muy fácil que te llegue un loco y te convenza diciéndote: 'yo te voy a ayudar', sobre todo, si nadie de afuera (la comunidad internacional) lo hace. Así fue cómo se llegó al ISIS, pero hay muchos más actores. Hay kurdos, hay laicos, es un escenario muy complejo que creo necesita, prioritariamente, un análisis. Lo nuestro es un testimonio ocular de lo que pasa.

 

Mónica G. Prieto: Esto es sólo un capítulo en la historia de la guerra siria, lo que pasa es que se nos fue de largo y terminó siendo 500 páginas, aunque va a haber una segunda parte. Se trata de explicar la degeneración de la situación en Oriente próximo desde la invasión de Irak hasta ahora, es decir, cómo la invasión de Irak generó el odio sectario y ha terminado en que todo Oriente está intoxicado por un germen que se destapó cuando los americanos y británicos decidieron invadir Irak. El segundo libro explicará el origen, porque el (autodenominado) estado islámico surgió en Irak.

 

También es importante entender por qué el ISIS se creó en Irak. La población sunita, reprimida por el estado islámico, estaba contra ellos, y les echaron de Irak y, ahora, viene la pregunta ¿si fueron ellos quienes les echaron, por qué se da la situación de que hayan vuelto al poder? ¿Cómo es posible que la misma gente que expulsó de Faluya al estado islámico haya vuelto a acogerlo?, pues porque son víctimas de otra represión, de otro tipo de dictadura y se sienten abandonados. Este punto es mucho más complejo y requiere un segundo libro.

 

Vaticino muchos años más de guerra

Para Javier Espinosa Robles, Siria se ha convertido en una especie de "caldero de guerra" en el que cada cual puede librar su propia batalla. Lo confirma Mónica quien describe como incluso los jeques entran en una moda de dar dinero para tener una milicia que lleve su nombre y, así, tener una "tajada histórica en la guerra siria".

 

Mónica G Prieto: Yo vaticino, y tiene toda la pinta, de que se impondrá el régimen porque se ha adueñado de la retórica. Las alternativas que le presentan a la población es: elijan entre el ISIS o Al-Assad y claro la gente se va a decantar, va a preferir cualquier cosa menos el tipo que graba vídeos cortando cabezas de periodistas británicos y estadounidenses. Recordemos que Javier se salvó.

 

En el libro Javier Espinosa Robles cuenta:

 

«El ritual de los vídeos siempre estaba rodeado de la misma puesta en escena que habíamos visto decena de veces en Irak. John mandó traer expresamente un espadón (John es el yihadista conocido como 'John el degollador') un arma de época, de esas espadas que usaban los ejércitos musulmanes en el Medioevo, una hoja de casi un metro con la empuñadura plateada. Me colocó en una esquina, sentado en el suelo y comenzó a pasarme el enorme cuchillo por la yugular, lo hacía sin dejar de hablar: '¿Lo notas? ¿Está frío verdad? ¿Te imaginas el dolor que te producirá si te lo clavara? Un dolor inimaginable. Con el primer corte te cortaría las venas. La sangre se mezclaría con la saliva'. Estaba empeñado en que el rehén entendiera el estremecedor mensaje. Se trataba de que apareciera aterrado. Continuaba: 'El segundo, te abriría el cuello, ya no estarías respirando por la nariz sino directamente por el esófago, hacéis unos divertidos gritos guturales, lo he visto antes, os retorcéis como animales, como cerdos, el tercero te arrancaría la cabeza, te la colocaría sobre la espalda' (...) Me hizo leer el panfleto. No le gustó el tono, se quejó de que no parecía suficientemente atemorizado y decidió recurrir a su pistola, quitó el bloqueo que llevaba siempre y la cargó, me la colocó en la cabeza y apretó tres veces el gatillo clic, clic, clic, se llama falsa ejecución, disparas con el arma bloqueada, aunque eso no lo sabe la víctima, sólo lo descubres cuando sigues vivo. Ni siquiera esa intimidación le pareció suficiente. John ordenó que apuntaran a Ricardo García-Vilanova (otro periodista también secuestrado y ya en libertad) a la cabeza con el Kalashnikov. '¿Prefieres que le dispare a tu amigo? ¿Quieres ser el responsable de su muerte?'. Fue una práctica que repitió con muchos de los rehenes. Los Beatles, (así se llamaba el grupo de secuestradores) se refugiaban en su propio sadismo».

 

¿Qué va a pasar con los refugiados?

Mónica G. Prieto responde a un diario español que también estuvo en la presentación del libro: Esa es la gran pregunta. No podemos negar derechos. Son civiles que huyen de la destrucción absoluta y que intentan sobrevivir. Tenemos un amigo que tras un larguísimo periplo desde Siria llegó a Holanda, donde estuvo tres semanas en un campo de refugiados. Me dijo que la experiencia había sido muy humillante. Este chico ha sido refugiado en Turquía, fue herido en la guerra y fue torturado en las cárceles de Asad. En una ocasión me dijo que si llegaba a pasar una semana más en aquel campo de Holanda se hubiera unido al ISIS. ‘Estáis creado máquinas de odio en esos campos’, me dijo. 

 

 

30 de junio de 2016


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